Artículos destacados

El carro, el conductor y el camino. Decidimos para no poder decidir.

  Vivimos tiempos extraños. Cada cierto número de años, las sociedades entran en una especie de ritual colectivo donde millones de perso...

01 noviembre 2024

¿BUEN DÍA O BUENOS DÍAS? ¿CUÁNTOS DÍAS PODEMOS VIVIR EN UN DÍA?

 

Mucho se habla sobre lo valioso que es vivir cada día en consciencia, cada instante, cada oportunidad que se nos presenta para experimentar la experiencia que nos trae la existencia. Es conocido que aferrarnos al pasado nos genera angustia y permanecer en la incertidumbre del futuro nos genera ansiedad. Después de analizar las posturas de muchas personas, prefiero apropiarme de la volatilidad del tiempo que nos lleva a probar su ausencia dentro de lo que consideramos real; si el pasado ya pasó, el futuro aún no llega y el presente se acaba de convertir en pasado, mejor vivir la ilusión del tiempo como un estado cuántico donde una cuarta dimensión se abre, donde convergen todos los estados del tiempo haciendo de las decisiones presentes una proyección del futuro que se construye bajo la sombra del pasado.

Sólo podemos vivir un suspiro a la vez, un instante a la vez, un momento a la vez, una experiencia a la vez, un día a la vez; más nos hemos acostumbrados a despertar deseando tener buenos días. ¿Será un reflejo inconsciente de nuestra ambición desbordada, será que nuestras buenas intenciones se anulan decretando deseos que nunca se pueden cumplir? Puede sonar a un comentario más de un quisquilloso del lenguaje, más nunca había estado tan convencido del poder de nuestras palabras. 

Por otro lado, poco he estado predispuesto a cumplir las reglas (esto con causa justa) y siempre me gusta plantear nuevas perspectivas de ver las cosas, es así que me gustaría generar una nueva distinción gramatical de los adjetivos, estableciendo una diferencia entre los ya conocidos adjetivos calificativos (los cuales buscan dar un valor determinado a una descripción subjetiva por el observador de la misma en un momento determinado) y los, aún no definidos, adjetivos descriptivos (los cuales envés de evaluar, solo dicen lo que parece ser el consenso); veámoslo con un ejemplo, un adjetivo calificativo es decir que una persona es mala y un adjetivo descriptivo es decir que una persona es egoísta, ambiciosa, codiciosa y sólo piensa en sacar beneficio propio. Es clave resaltar que el ejemplo no quiere buscar equivalentes entre un adjetivo y el otro, cada caso puede ser diferente, es decir que un adjetivo calificativo puede tener muchas formas de remplazarse por adjetivos descriptivos, esto dependerá del caso puntual y singular que se esté tratando.

Planteado esto, mi propuesta es sencilla; pasemos de desear a todo el mundo buenos días, buenas tardes y buenas noches y consideremos el potencial de desear agradable mañana, plácida tarde o feliz noche. Se trata de dejar a un lado los estribillos robotizados, que sin pensar salen de nuestro ser como un acto reflejo. Qué tal, ser conscientes del momento y la persona a quien le compartiremos este augurio, y con honestidad decidir que le deseamos a la persona a quien se lo decimos; si es sincero lo que vaticinamos, será un regalo declarado y cumplido.

Del mismo modo, podemos ser conscientes de los negros pronósticos que en ocasiones dejamos salir de nuestra boca, como una bala perdida a un objetivo definido. Cuantas veces alguien que nos cierra en medio del tráfico, termina merecedor de fuertes desgracias escondidas en improperios desgastados; cuántas exparejas han recibidos decretos de miseria e infortunio, sólo porque nos sentimos aprovechados o desvalorizados; cuantos jueces, en partidos, terminan adornando de velos de pelandusca a sus progenitoras. Toda palabra es poderosa, por eso somos esclavos de ellas y responsables de nuestros silencios; así que la invitación se extiende no sólo a ser conscientes de lo que decimos, sino de saber ser prudentes al saber utilizar nuestros silencios, al final entenderemos que callar es de valientes e insultar es bellacos precoces, que demuestran su falta de control y poder para saber hacer de cada instante, el hilo que se entrelaza en el tejido que forma el manto que nos hace reyes de nuestra realidad.