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El carro, el conductor y el camino. Decidimos para no poder decidir.

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29 octubre 2023

TERCERIZAMOS HASTA LAS EXPERIENCIAS QUE REALMENTE VINIMOS A VIVIR.

Ya no sabemos ni cuándo, ni dónde, ni quién, acuñó la expresión “El trabajo dignifica”, pero su trasfondo nos lleva a valorar el esfuerzo de realizar una labor que no sólo sea valiosa para uno, sino para muchos o todos. Por ningún lado se encuentran grandes pensadores, líderes y referentes de cada civilización, fomentando el óseo, la procrastinación, el estancamiento de nuestros pensamientos, deseos y anhelos; y el desempoderamiento de nuestras labores vitales en el camino de crecimiento de nuestra alma, en este cuerpo perenne.

Así que, aunque esta expresión se afianza como una verdad, parece que poco lo aplicamos en estos tiempos, donde la tercerización de procesos se convirtió en una moda que poco cuestiona sus repercusiones particulares y sólo vemos sus beneficios generales, los cuales radican en la optimización del tiempo; brindándonos, en teoría, la oportunidad de hacer más en menos.

Está claro, que no todo se puede hacer solo; es más, sí se puede, pero el resultado nunca será el mismo comparado a cuando lo desarrollamos en conjunto. La cuestión está en que hoy en día estamos tercerizando experiencias valiosas, para sólo enfocarnos en las labores que repercuten en la generación de ingresos para sostenerlas.

La propuesta va más allá de tener que hacerlo todo, para poder sacar provecho al proceso que cada actividad de vida nos ofrece. La invitación es a que solamente deleguemos eso que ya hemos aprendido a hacer y reconocido su valor al hacerlo; sino sabemos hacer algo, es mejor que no lo deleguemos a otros, garantizando nunca fomentar una dependencia cuando nos acostumbramos a que los demás se encarguen de lo que aún no sabemos hacer. 


Es así como pagamos a otros para que vivan por nosotros, las experiencias más valiosas:

Hay quienes tienen, desde pequeños, alguien quien les hace las labores de la casa; sin saber que el mundo se puede cambiar comenzando con tender la cama a diario, como lo compartió el Almirante McRaven, en un discurso de graduación que terminó convirtiéndose en uno de los libros más vendidos.

En el colegio no es extraño encontrar estudiantes que consiguen quién les haga los trabajos y tareas. Y no falta quien visiona volverlo un gran negocio.

Otros consideran que cuidar su salud es tener el seguro de salud más completo, sin importar la calidad de sus hábitos: alimentación, fortalecimiento físico, respiración, meditación, oración y manifestaciones de espiritualidad, administración de emociones, estimulación de momentos de gozo, consentimiento propio y el perdón.

Algunos confían más en una tecnología incidente, para decidir qué ruta tomar en el camino o con quién iniciar una relación.

Cuando deciden casarse, buscan quien organice la boda, una oportunidad para lograr su primer proyecto juntos.

Las empresas encuentran otras empresas para que atiendan y fidelicen sus clientes. Como querer clonarse para tener otro yo (que nunca será como yo) que se encargue de acompañar a mi esposa a hacer sus cosas, mientras estamos jugando póker con los amigos.

Nunca faltan eso países que contaminan mucho, y por eso pagan a otros para que conserven los recursos que ellos malgastan.

Vemos mujeres que buscan un útero ajeno para no padecer las “incomodidades” inherentes del embarazo y parto.

Encontramos niñeras y enfermeras, para que nos quiten la oportunidad de vivir la experiencia de ser padre o madre. En otros casos, se normaliza que las abuelas hagan la labor de sus hijas, cuidando a sus nietos.

Adoptamos perros, para que otros los paseen, jueguen y les den espacios de calidad.

Al final, podemos decir que todo esto lo hacemos porque queremos que las cosas se hagan mejor, olvidando que el valor de la experiencia sólo se alcanza probando cosas nuevas, para las cuales aún no tengamos la destreza, pero sí la disposición de hacer y aprender a través de los “errores”. Nada es más perfecto que esos errores que nos llevan a los accidentes más valorados y menos azarosos de la vida.

Reflexionemos sobre el riesgo que se puede detonar en las nuevas generaciones, con el acceso a nuevas tecnologías basadas en Inteligencia Artificial, Big Data y Computación Cuántica; entendiendo que ellos ahora tienen la oportunidad de aprender primero a manejar una moto de alto cilindraje, sin antes haber aprendido de la experiencia de montar bicicleta. Siempre contaremos con herramientas que faciliten nuestras tareas; y lo más importante, siempre seremos nosotros quienes definiremos el propósito que nos motiva a realizarlas.

03 octubre 2023

TODOS SOMOS ESCLAVOS Y ADMITIRLO ES LIBERADOR.

De todas las definiciones que encontré, hay una que resalta su condición a la legalidad, mostrándonos esa posibilidad de ser esclavos por decisión y no reconocer este estado por ser “legal” (entendiendo que lo que se puede no siempre es lo correcto, así que: el criterio nos guíe).

"La esclavitud es un estado de servidumbre legal de una persona a otra, en el cual la primera no tiene control sobre su propia persona, libertad o propiedad."                                                                                                                                         Frederick Douglass

No existe una única definición de esclavitud que goce de consenso universal. Sin embargo, muchas de estas definiciones comparten el elemento común de privar de la voluntad de una persona.

He aquí una definición de esclavitud que incorpora las ideas de autores como W.E.B. Du Bois, Sven Beckert y Orlando Patterson:

La esclavitud es un sistema de explotación social y económica en el que a un grupo de personas (los esclavizados) se les niegan los derechos humanos básicos (desde la voluntad a decidir qué hacer, decir y sentir con su cuerpo, tiempo y espacio) y se les obliga a trabajar en beneficio de otro grupo de personas (los esclavizadores).

 


Entendamos mejor la esclavitud, identificando lo elementos que la componen:

La persona esclavizada es tratada como propiedad y puede ser comprada, vendida e intercambiada (Estrellas del deporte y la farándula).

A la persona esclavizada se le niegan todos los derechos legales y sociales (Trabajadores permanentes por contrato de servicios ya sea a través de cooperativas).

La persona esclavizada es obligada a trabajar sin remuneración (Trabajadores comerciales que reciben remuneración por los resultados generados).

A menudo se le somete a abusos físicos y psicológicos (Soldados rasos/Reclutas/Practicantes/Nuevones/Personas de la tercera edad).

 

¿La historia sería la mismo si en la antigua (4000 a.C.) Mesopotamia y Egipto nunca hubieran practicado la esclavitud?

¿Habríamos generado la expansión geográfica, arquitectónica y en los avances de ingeniería? ¿Si no es obligado, no somos capaces de unirnos en un objetivo en común y realizarlo con magnificencia?

Los grandes pensadores griegos, normalizaban la esclavitud. ¿Eso qué dice de ellos? ¿Será que, actualmente, creemos ser la generación más inteligente de la historia y podemos estar repitiendo la misma historia de esclavitud, pero con diferentes trajes?

En la antigua Roma la esclavitud estaba aún más extendida que en Grecia o Egipto.

En América, los españoles y portugueses introdujeron la esclavitud en el siglo XVI, a partir de ahí y hasta el siglo XIX, millones de africanos fueron transportados a América para trabajar como esclavos en plantaciones.

La esclavitud fue abolida en muchos países en el siglo XIX. Estados Unidos abolió la esclavitud en 1865, Gran Bretaña abolió la esclavitud en sus colonias en 1833 y Mauritania la alcanzó hasta 1981.

El informe de 2021, de Walk Free Foundation, estimó que había 40,3 millones de personas viviendo en esclavitud en 2016.

El trabajo forzoso es más frecuente en Asia y África.

No hay mejor esclavo que aquel que se siente libre.

¿Será que somos adictos a la esclavitud? El primer paso es reconocer la negación. Pero mejor reflexionemos a través de algunos cuestionamientos que nos permitan identificar que tan enganchados estamos y que tan a gusto nos hacemos sentir frente al nivel de esclavitud que manifestamos en nuestra vida.

    ¿Tengo que trabajar muchas horas por poco dinero?

¿Se me niegan derechos humanos básicos, como el derecho a la libertad de movimiento o el derecho a la educación?

    ¿Sufro abusos físicos o psicológicos?

    ¿Tengo que vivir con miedo de mi empleador o de otra persona?

    ¿Tengo que renunciar a mi identidad o a mi cultura?

    ¿Soy incapaz de salir de mi situación por mis propios medios?

Por último,

¿queremos o somos esclavos de nuestros deseos, esos que justifican amordazar nuestra voluntad por la ambición y provecho de otros?

 

"La esclavitud es un pecado contra Dios y la humanidad".

Harriet Beecher Stowe