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30 enero 2024

EL ÚNICO NEGOCIO DONDE EL CLIENTE GANA SEGURO, CUANDO PIERDE.

 

Modelos de apuestas en contra, diseñados para mercados pesimistas.

En esta ocasión cuestionaremos la necesidad de adquirir seguros (médicos, inmuebles, robo, alarmas) y la infravaloración de la incertidumbre, ya que anhelamos mantener el control; nuestra sociedad no quiere que estemos abiertos al cambio, fomentando este control en una realidad que poco lo tiene.

Iniciemos estableciendo un punto de partida, el cual nos ubique en el entorno en que nos embarcamos. El negocio de los seguros mantiene la esencia de la milenaria actividad de las rifas y loterías; con la diferencia que, en éste, uno gana cuando pierde y si todos pierden, nadie gana. Remontémonos entonces a la China del siglo II A.C., durante la Dinastía Han las rifas se utilizaban para financiar proyectos públicos y de la comunidad. Podríamos decir que por muchos años las rifas fueron una fuente de capitalización, evolucionando hasta tomar los matices que enmarcan la lotería moderna.

En la Europa del siglo XV, la lotería se empleaba para financiar la construcción de fortificaciones; y para finales del siglo XX, se comienzan a prohibir muchas loterías por actos comprobados de corrupción y prácticas fraudulentas. Por otro lado, las rifas son bien utilizadas para adquirir recursos para proyectos por parte de fundaciones sin ánimo de lucro. Quien participa en ellas, sabe que en realidad está haciendo una colaboración y no está esperando ganar como objetivo, éste tiene más tintes de altruismo, a diferencia de las loterías; en donde los usuarios nunca lo hacen buscando ayudar a los propósitos personales de los dueños de la lotería, es más, ni piensan en las regalías que pueden estar yendo a la salud y educación. Al parecer lo hacen porque pueden tener una necesidad de sentirse ganadores, algún vacío por llenar; ya que, si vemos las estadísticas y algunos números, sabremos que invertir en lotería no es rentable, a no ser que aplique alguna técnica comprobada o haga parte de un entramado de corrupción. Alguna vez, un matemático, realizaba operaciones definiendo la probabilidad de ganar una lotería tradicional; quién en su sano juicio invertiría en un negocio donde dónde puede obtener un retorno atractivo, con una probabilidad del 0.0000000715% y en loterías más grandes este valor es 10 veces menor. Nunca podremos dejar de lado el riesgo de ganar para perder, refiriéndonos a la Maldición de la Lotería, un resultado que con frecuencia llega cuando no tenemos una buena relación con el dinero y éste se vuelve escurridizo como arena en nuestras manos, ya que no se es consciente que la riqueza nunca será tener mucho dinero, sino saber gastar lo necesario e invertir en múltiples alternativas.

Hasta ahora vemos cómo algo que nació para apoyar la realización de proyectos comunales, evolucionó convirtiéndose en el sistema actual de impuestos, permitiendo la capitalización de proyectos estatales sin necesidad de motivar con premios, sino con castigo a través de lo que hoy conocemos como penas por fraude fiscal.

Siguiendo con este desarrollo de las apuestas en la sociedad, debemos destacar los registros encontrados en azulejos en China, que datan del 2.300 A.C. y la “invención” de los dados, por parte de los egipcios en el 1.500 A.C.; dando paso a la pequeña villa o casita o lo que hoy conocemos como Casino. En Italia (1638), durante la temporada de carnavales en Venecia, se adecuaron lujosos y refinados espacios diseñados para el entretenimiento de las clases altas, incluyendo teatros, recepciones y claramente juegos de apuestas con cartas, algo similar al Black Jack actual. Ya para 1856, el principado de Mónaco abre las puertas del que hoy se ha convertido, su mayor atracción turística; debemos destacar que, en la actualidad, las personas empadronadas como residentes permanentes, tienen prohibida la entrada al casino (esto deja mucho que decir, mostrando una referencia a los capos que no consumen lo que venden); del mismo modo que le pasó a Joseph Jagger, quien descubrió que por un desgaste natural de las ruletas, hay números que se repiten más, aumentando su probabilidad de aparición, con su técnica alcanzó a ganar en Monte Carlo más de 7 millones de Euros (valor actual); este caso lo veremos reflejado por la familia Pelayo en el siglo XX. De Europa pasamos a Estados Unidos, en donde para 1905 (con la llegada del ferrocarril a Nevada) se abren los primeros casinos en Las Vegas. Importante destacar cómo la prohibición del juego, conllevó al inicio de las mafias, hasta la legalización de éste en 1931. Actualmente, el mundo de los casinos ha vivido una expansión considerable, gracias a la digitalización del juego. 

Hoy por hoy vemos como el juego, las apuestas y el casino; se han tomado el mundo empresarial a través de los mercados bursátiles, criptomonedas y demás negocios especulativos, donde la apuesta no es a generar valor, sino a aumentar dividendos mediante la administración de información para la toma de decisiones. 

Paralelamente, podemos decir, el mundo de los seguros se fue gestando y evolucionando con un modelo similar al de las apuestas y loterías, pero en este caso, la idea es ganar apostando para estar preparados para cuando todo salga mal. Entendiendo que las probabilidades son bajas y el miedo alto, el retorno de la inversión ha garantizado su existencia durante tanto tiempo, ¿hasta ahora? Fueron los Fenicios quienes introdujeron el concepto de seguros, sobre todo en los viajes mercantiles, entendiendo que muchas veces el mal clima no garantizaba la llegada a buen puerto. Se dio inicio al término Polliceor, que significa Promesa y da origen a la Póliza, que se respalda en la Confianza, para lo cual hay que Creer y Respetar para así Crear sin Importar el Riesgo y sus Calificaciones.

Como nos hemos dado cuenta, todos estos negocios, tan florecientes en cualquier estación, han garantizado su subsistencia gracias a los números; creando los actuales profesionales en la rama Actuarial, quienes dominan una serie de formulas que garantizan que la casa siempre gane. Vislumbremos con claridad esto, mirando algunos riesgos y sus probabilidades de ocurrencia: Pérdida de vida (1 en 1.000), Accidente en el carro (1 en 100), Incendio en la fábrica (1 en 1.000), Daños en casa por terremoto (1 en 10 en zona de alta actividad sísmica), Inundación (1 en 100 en zona propensa a inundaciones). Si lo pensamos, uno atrae lo que pide, y parece que nos gusta pedir que no pasen cosas, que son altamente probable que nunca pasen. Compramos seguros como si fueran estampitas que garantizan que vamos a estar protegidos y que el resto que no la tenga, no lo está; sumado a que ese exceso de seguridad nos lleva a bajar la guardia en la prevención. Recordemos que las disonancias cognitivas pululan entre las sombras y con sigilo se infiltran en nuestra vida sin darnos cuenta.

Qué pasa si comenzamos a apostar por modelos de negocios que fomenten el positivismo. Un seguro de salud que si no lo usas te devuelve el dinero o te permite invertirlo en proyectos de salud. Un sistema de comunicación (video, imágenes, texto, interacción social) vecinal, en vez de una costosa alarma contra robos individual. Si seguimos pensando por fuera de la caja, encontraremos que la vida se hizo para tomar riesgos y el miedo no es buena consejera.

ESQUIRLA: ¿Qué certeza podemos tener de todo lo que implica que la población viva más años? ¿Las personas seguirán apostando a su muerte, a sabiendas que la expectativa de vida está en aumento? ¿Usted por quién apuesta: la vida o la muerte; el desapego o el miedo; el agradecimiento o la recriminación?