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01 diciembre 2024

LA VIDA ES UNA OBRA DE TEATRO, DONDE INTERPRETAMOS DIFERENTES PAPELES

 

Cuando nos detenemos un momento a pensar en los elementos que definen a una obra de teatro, salta a la vista su naturaleza espontanea; cuando se abre el telón y damos a luz, todo lo que decimos y hacemos no se puede echar atrás, acá no se repiten las escenas para mejorar nuestros diálogos; lo que se dijo, se dijo como se dijo, al igual que lo que no se dijo o se hizo, de ahí que vivir en plenitud y consciencia nuestra actuación es clave para dar el mejor resultado en la narración de nuestra historia.

Cada teatro presenta varias obras y los actores interpretan diferentes papeles con el paso del tiempo; y en el transcurrir del mismo, se tiene la destreza de interpretar diferentes papeles en una misma temporada.

Cuando somos nuevos en las tablas, podemos contar con ayuda de personas que nos soplan algunas líneas o nos recuerdan las siguientes posiciones.

Una de sus características más especiales, es el poder de improvisación, aunque el libreto diga una cosa, al final nosotros tenemos la potestad de interpretar nuestras escenas al pie de la letra o activar el factor sorpresa de la espontaneidad, el dejar que sea el momento, la situación, las emociones quienes marquen sus matices y nos lleven a ser realmente única cada escena.

Lo más seguro, es que para este instante usted ya ha interiorizado el silogismo que estamos enmarcando; y podría estar confrontando que, en las obras de teatro, aunque el espectáculo es en vivo, previo se debieron realizar numerosos ensayos y preparaciones previas. Bueno, ya es hora de creer en las vidas pasadas y entender que una obra final en el teatro, es sólo un ensayo más para la próxima función. En las tablas, cuando el personaje nos posee, no existe diferencia entre ensayo y la puesta en escena; ya que todo ensayo se realiza como si fuera el día de estreno y cada estreno es un nuevo ensayo.

Ahora que comenzamos a ver la vida como un teatro, donde se entrecruzan diferentes obras que al parecer ya están escritas más sentimos que se van escribiendo con cada escena que interpretamos en el tiempo.

Al nacer, nuestro papel premia el aprendizaje disfrazado de “errores”, no sabemos comunicarnos, usar el lenguaje, nuestra expresión corporal es limitada, más siempre encontramos al forma de hacernos entender. Los primeros años tenemos maestros continuos que comparten sus conocimientos teatrales marcados por sus experiencias personales y los lineamientos comunales.

Es natural replicar las actuaciones de nuestros maestros, pasando por faces de identificación de nuestro estilo particular. Los primeros papeles son sencillos y su alcance es limitado, más su impacto es poderoso a tal punto, que sin darnos cuenta terminamos enseñando grandes cosas a nuestros propios maestros.

Con el tiempo nuestras obras estarán conformadas por muchos más personajes, pasando de familiares a compañeros de estudio, después llegarán compañeros de trabajo y diferentes personajes que se irán sumando a la trama que iremos desarrollando. Nuestro personaje en ocasiones será el héroe, en otras un villano, sin darnos cuenta podremos experimentar diferentes roles, de alumnos a maestros, de irresponsables a ordenados, mujeriegos a fervientes enamorados, de solitarios a populares, de frustrados a ejemplares, de rencorosos a misericordiosos, de atacados a serenos, de lo que no nos imaginábamos a lo que siempre hemos querido ser. Se trata de una carrera alucinante, donde el cambio es constante así no lo queramos. Lo más importante es no quedarnos en un solo papel, no podemos estar aprendiendo de los mismos errores que cometíamos en nuestros primeros roles durante toda nuestra trayectoria. Bueno, si podemos, y es que acá todo se puede. Una escena a la vez es la regla.

Desenvolviéndonos en tantos roles, es clave poder contestar una poderosa pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Acaso nos define lo que somos como padres, hijos, jefes, empleados, seguidores o líderes? Si en realidad estos son papeles que interpretamos, al final ¿quién es el actor? ¿Sera que nuestros papeles, sin darnos cuenta, cimientan quienes somos? ¿Estamos eligiendo interpretar los roles que deseamos? ¿Quién decide? O tal vez, Dios pone a nuestra disposición la oportunidad de interpretar los papeles que se nos presentan particularmente como un medio para identificar quien realmente somos. Pueda que al final no hay respuesta a tan profunda pregunta y sólo debemos dejarnos llevar, experimentando sin prejuicios, sólo siendo quien creemos que debemos ser en cada escena, cada obra y así durante toda nuestra trayectoria en esta existencia.

La vida es un cúmulo de improvisaciones preparadas para actuarse con naturaleza, buscando brindar una experiencia valiosa para nuestra pequeña o grande audiencia, al tiempo que nos ayuda a definir quiénes somos y qué carajos queremos ser en esta temporada en el plano terrenal.