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03 octubre 2023

TODOS SOMOS ESCLAVOS Y ADMITIRLO ES LIBERADOR.

De todas las definiciones que encontré, hay una que resalta su condición a la legalidad, mostrándonos esa posibilidad de ser esclavos por decisión y no reconocer este estado por ser “legal” (entendiendo que lo que se puede no siempre es lo correcto, así que: el criterio nos guíe).

"La esclavitud es un estado de servidumbre legal de una persona a otra, en el cual la primera no tiene control sobre su propia persona, libertad o propiedad."                                                                                                                                         Frederick Douglass

No existe una única definición de esclavitud que goce de consenso universal. Sin embargo, muchas de estas definiciones comparten el elemento común de privar de la voluntad de una persona.

He aquí una definición de esclavitud que incorpora las ideas de autores como W.E.B. Du Bois, Sven Beckert y Orlando Patterson:

La esclavitud es un sistema de explotación social y económica en el que a un grupo de personas (los esclavizados) se les niegan los derechos humanos básicos (desde la voluntad a decidir qué hacer, decir y sentir con su cuerpo, tiempo y espacio) y se les obliga a trabajar en beneficio de otro grupo de personas (los esclavizadores).

 


Entendamos mejor la esclavitud, identificando lo elementos que la componen:

La persona esclavizada es tratada como propiedad y puede ser comprada, vendida e intercambiada (Estrellas del deporte y la farándula).

A la persona esclavizada se le niegan todos los derechos legales y sociales (Trabajadores permanentes por contrato de servicios ya sea a través de cooperativas).

La persona esclavizada es obligada a trabajar sin remuneración (Trabajadores comerciales que reciben remuneración por los resultados generados).

A menudo se le somete a abusos físicos y psicológicos (Soldados rasos/Reclutas/Practicantes/Nuevones/Personas de la tercera edad).

 

¿La historia sería la mismo si en la antigua (4000 a.C.) Mesopotamia y Egipto nunca hubieran practicado la esclavitud?

¿Habríamos generado la expansión geográfica, arquitectónica y en los avances de ingeniería? ¿Si no es obligado, no somos capaces de unirnos en un objetivo en común y realizarlo con magnificencia?

Los grandes pensadores griegos, normalizaban la esclavitud. ¿Eso qué dice de ellos? ¿Será que, actualmente, creemos ser la generación más inteligente de la historia y podemos estar repitiendo la misma historia de esclavitud, pero con diferentes trajes?

En la antigua Roma la esclavitud estaba aún más extendida que en Grecia o Egipto.

En América, los españoles y portugueses introdujeron la esclavitud en el siglo XVI, a partir de ahí y hasta el siglo XIX, millones de africanos fueron transportados a América para trabajar como esclavos en plantaciones.

La esclavitud fue abolida en muchos países en el siglo XIX. Estados Unidos abolió la esclavitud en 1865, Gran Bretaña abolió la esclavitud en sus colonias en 1833 y Mauritania la alcanzó hasta 1981.

El informe de 2021, de Walk Free Foundation, estimó que había 40,3 millones de personas viviendo en esclavitud en 2016.

El trabajo forzoso es más frecuente en Asia y África.

No hay mejor esclavo que aquel que se siente libre.

¿Será que somos adictos a la esclavitud? El primer paso es reconocer la negación. Pero mejor reflexionemos a través de algunos cuestionamientos que nos permitan identificar que tan enganchados estamos y que tan a gusto nos hacemos sentir frente al nivel de esclavitud que manifestamos en nuestra vida.

    ¿Tengo que trabajar muchas horas por poco dinero?

¿Se me niegan derechos humanos básicos, como el derecho a la libertad de movimiento o el derecho a la educación?

    ¿Sufro abusos físicos o psicológicos?

    ¿Tengo que vivir con miedo de mi empleador o de otra persona?

    ¿Tengo que renunciar a mi identidad o a mi cultura?

    ¿Soy incapaz de salir de mi situación por mis propios medios?

Por último,

¿queremos o somos esclavos de nuestros deseos, esos que justifican amordazar nuestra voluntad por la ambición y provecho de otros?

 

"La esclavitud es un pecado contra Dios y la humanidad".

Harriet Beecher Stowe

 

05 septiembre 2023

EL COLOMBIANO MEDIO: SE LLENA, PERO NO SE ALIMENTA.

 

Nota del autor: Se hablará en primera persona del plural, porque tratamos temas que vemos en los demás pero que en últimas también nos incluyen.

 

Como seres humanos que somos, subsistimos a través de los estímulos que logramos percibir mediante nuestros sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto, intuición, representaciones oníricas, entre otros.), a través de ellos buscamos alimentarnos constantemente para garantizar los insumos necesarios para una vida grata, frente a nuestros parámetros personales. Al parecer, la gran mayoría estamos llenándonos con lo que tenemos a disposición, sin tan sólo preguntarnos si está valioso exponer nuestros sentidos a lo que los exponemos día tras día.

 

Con la vista, aprendemos a través de imágenes en movimiento, que nos muestra que nada es perpetuo: “el cambio” define la realidad. Irónicamente nos encontramos con que todos quieren ver los mismos lugares, paisajes, personas, películas, series, noticias y rutinas; y sin cuestionarnos, dejamos que nuestras neuronas espejo actúen y sigamos el rebaño creyendo que somos autoinmunes a las mentiras de esta “realidad”. Por respeto al creador, cuestionémonos el “¿qué sacamos con ver lo que vemos y rodearnos de los espacios y las personas con las que delimitamos la rutina de la vida?”; para qué queremos ver a esa persona que siempre tienen una buena mala cara, por qué tenemos que subirnos a la misma marea de tráfico para realizar los desplazamientos diarios, para qué tenemos que ver noticias e información que sólo busca que entremos en discusiones bizantinas y conflictos innecesarios que sólo buscan que vivamos resonando en odio, reniego, resentimiento, amargura y apatía. Haz de lo que miras, un banquete nutritivo digno de tus deseos presentes y futuros.

El oído nos permite saborear las ondas que fluyen en nuestro entorno; ¡tan selecto! Al no permitir que todos los sonidos puedan ser percibidos en todas partes; así podemos elegir lo que escuchamos y cada vez contamos con mayor control para sintonizarnos a los sonidos que realmente disfrutamos. Nunca olvidemos que un alimento saludable para nuestros oídos es, también, escuchar verdades incómodas, de esas que al principio como que arden y preferimos acompañarlas con nuestra indiferencia; pero si nos damos la oportunidad de saborear esos sonidos que por fuera parecen amargos, al final simplemente tomarán el sabor con que nosotros deseemos etiquetarlos.

Si sentimos que algo huele mal, es porque muy cerca tenemos algo por limpiar. Y este sentido se termina juntando con la intuición, permitiéndonos olfatear negocios, personas que no conocemos, lugares y destinos; y al igual que al oler un plato podemos saber si éste sabe bien, nosotros podemos evitar tener que probar malas experiencias sin necesidad de vivirlas. Siguiendo los principios herméticos (como es adentro es afuera y viceversa), podemos oler un mal negocio, relación sentimental, plan, viaje o experiencia; si solamente estamos atentos a los pequeños detalles, a los indicios sutiles y a las apariencias maquilladas de autenticidad; llegando a afinar uno de los sentidos que menos apreciamos, hasta que lo perdemos. Pueda que al final seamos conscientes de que el olfato ve lo que la vista no huele.

El buen gusto lo afinamos entre más cosas nuevas probamos, ¿será que debemos probarlo todo para tener buen gusto o ese buen gusto radica en identificar aquello que sabemos qué es de nuestro gusto? Porque no podemos estar probando todo, lo más seguro es que algo nos indigeste, nos intoxique, nos enferme o nos llegue a matar. No necesitamos mucho tiempo para degustar los diferentes tipos de ingredientes y productos que podemos comer, entendiendo que, en su mayoría, la mayoría consumimos productos que no son buenos (¿malos = “Ricos”?) para el organismo. Que placer es poder disfrutar de: la azúcar refinada sin importar que sea el alimento del cáncer; el pan caliente, que no alimenta, pero sí acidifica el cuerpo; la carne de cerdo, incluyendo su efecto proinflamatorio; una gaseosa fría que sólo es buena para gastar agua en exceso en su elaboración; un café, té o chocolate caliente para iniciar el día, sin importar que tenga mucha cafeína para un hábito tan constante; un vaso de leche de vaca que, al igual que sus derivados, aumenta la producción de moco en el cuerpo; un jugoso trozo de carne roja, acompañado de antibióticos, hormonas y parásitos, que acidifican el organismo; o salir de un apuro con embutidos que producen inflamación y papas fritas que poseen acrilamidas, reconocidas por ser cancerígenas*

El tacto, en ocasiones, es el sentido con el que menos tenemos tacto. Qué tan conscientes somos al momento de tocar algo, de la textura, temperatura y sensaciones que despierta tocar diferentes materiales en sus diferentes estados, ya sea en personas, objetos, animales, vegetación o minerales. Qué tan conscientes estamos para percibir la realidad sin adjetivos calificativos, acostumbrando a utilizar descriptivos, permitiéndonos valorar por igual el frío y el calor; lo liso y lo áspero; lo reseco y lo húmedo; lo pegajoso y lo seco; lo puntiagudo y lo suave; un golpe y una caricia. Nunca permitamos que se normalice saborear con el tacto lo real que puede llegar a ser esta existencia.

Intuición, instinto, premoniciones, alta sensibilidad; sin importar como busquemos definirlo, este sentido, es el sentido de lo que normalmente no sentimos: las emociones de quienes nos rodean, la selección de las decisiones más favorables, los riesgos antes que lleguen, las personas que debemos evitar y todo aquello que al final de cuenta se puede salir del entendimiento corriente y comienza a entrar en juego el poder de aquello que no podemos ver.  Al final, somos receptores de frecuencias en sus diferentes presentaciones, en hondas de luz, sonido y sensación térmica. Cuando ya estemos dominando los sentidos previos, pueda que podamos darnos la oportunidad de explorar los mecanismos para incentivar este sexto sentido.

Calderón de la Barca decía que La Vida es Sueño, y si tenemos control de nuestros sueños, tendremos el control de esta vida ensoñadora. Así que podemos elegir entre irnos a la cama después de una buena sesión desinformativa de noticias sensacionalistas que destacan la violencia, injusticia, y demás motivos para indignarnos, asustarnos o crisparnos; algunos prefieren quedarse dormidos viendo una película de acción de hace más de 10 años; o revolcándose en los problemas que lo atañen. Otro camino es desconectarse de las pantallas mínimo una hora antes de dormir, a lo mejor leer un libro, compartir una buena charla, hacer el amor, otros trabajos manuales, entrar en oración, meditar, escuchar música tranquila que nos guste y nos haga sentir bien; cuando estemos listos para dormir, podemos visualizar todo lo que vamos a hacer al otro día de la forma y manera que nos gustaría y si lo preferimos podemos realizar ejercicios que nos ayuden a tener Sueños Lúcidos, donde somos conscientes que estamos soñando y de esta forma aprovechar la conexión entre el mundo “real” y el “onírico”.  

Nosotros escogemos: llenarnos o alimentar nuestros sentidos. Es hora de elegir.

*Recomendaciones Dra. María Lucia Martínez Lesmes Médica Cirujana, Fisiatra y Osteópata. Bogotá, Colombia.