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05 septiembre 2023

EL COLOMBIANO MEDIO: SE LLENA, PERO NO SE ALIMENTA.

 

Nota del autor: Se hablará en primera persona del plural, porque tratamos temas que vemos en los demás pero que en últimas también nos incluyen.

 

Como seres humanos que somos, subsistimos a través de los estímulos que logramos percibir mediante nuestros sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto, intuición, representaciones oníricas, entre otros.), a través de ellos buscamos alimentarnos constantemente para garantizar los insumos necesarios para una vida grata, frente a nuestros parámetros personales. Al parecer, la gran mayoría estamos llenándonos con lo que tenemos a disposición, sin tan sólo preguntarnos si está valioso exponer nuestros sentidos a lo que los exponemos día tras día.

 

Con la vista, aprendemos a través de imágenes en movimiento, que nos muestra que nada es perpetuo: “el cambio” define la realidad. Irónicamente nos encontramos con que todos quieren ver los mismos lugares, paisajes, personas, películas, series, noticias y rutinas; y sin cuestionarnos, dejamos que nuestras neuronas espejo actúen y sigamos el rebaño creyendo que somos autoinmunes a las mentiras de esta “realidad”. Por respeto al creador, cuestionémonos el “¿qué sacamos con ver lo que vemos y rodearnos de los espacios y las personas con las que delimitamos la rutina de la vida?”; para qué queremos ver a esa persona que siempre tienen una buena mala cara, por qué tenemos que subirnos a la misma marea de tráfico para realizar los desplazamientos diarios, para qué tenemos que ver noticias e información que sólo busca que entremos en discusiones bizantinas y conflictos innecesarios que sólo buscan que vivamos resonando en odio, reniego, resentimiento, amargura y apatía. Haz de lo que miras, un banquete nutritivo digno de tus deseos presentes y futuros.

El oído nos permite saborear las ondas que fluyen en nuestro entorno; ¡tan selecto! Al no permitir que todos los sonidos puedan ser percibidos en todas partes; así podemos elegir lo que escuchamos y cada vez contamos con mayor control para sintonizarnos a los sonidos que realmente disfrutamos. Nunca olvidemos que un alimento saludable para nuestros oídos es, también, escuchar verdades incómodas, de esas que al principio como que arden y preferimos acompañarlas con nuestra indiferencia; pero si nos damos la oportunidad de saborear esos sonidos que por fuera parecen amargos, al final simplemente tomarán el sabor con que nosotros deseemos etiquetarlos.

Si sentimos que algo huele mal, es porque muy cerca tenemos algo por limpiar. Y este sentido se termina juntando con la intuición, permitiéndonos olfatear negocios, personas que no conocemos, lugares y destinos; y al igual que al oler un plato podemos saber si éste sabe bien, nosotros podemos evitar tener que probar malas experiencias sin necesidad de vivirlas. Siguiendo los principios herméticos (como es adentro es afuera y viceversa), podemos oler un mal negocio, relación sentimental, plan, viaje o experiencia; si solamente estamos atentos a los pequeños detalles, a los indicios sutiles y a las apariencias maquilladas de autenticidad; llegando a afinar uno de los sentidos que menos apreciamos, hasta que lo perdemos. Pueda que al final seamos conscientes de que el olfato ve lo que la vista no huele.

El buen gusto lo afinamos entre más cosas nuevas probamos, ¿será que debemos probarlo todo para tener buen gusto o ese buen gusto radica en identificar aquello que sabemos qué es de nuestro gusto? Porque no podemos estar probando todo, lo más seguro es que algo nos indigeste, nos intoxique, nos enferme o nos llegue a matar. No necesitamos mucho tiempo para degustar los diferentes tipos de ingredientes y productos que podemos comer, entendiendo que, en su mayoría, la mayoría consumimos productos que no son buenos (¿malos = “Ricos”?) para el organismo. Que placer es poder disfrutar de: la azúcar refinada sin importar que sea el alimento del cáncer; el pan caliente, que no alimenta, pero sí acidifica el cuerpo; la carne de cerdo, incluyendo su efecto proinflamatorio; una gaseosa fría que sólo es buena para gastar agua en exceso en su elaboración; un café, té o chocolate caliente para iniciar el día, sin importar que tenga mucha cafeína para un hábito tan constante; un vaso de leche de vaca que, al igual que sus derivados, aumenta la producción de moco en el cuerpo; un jugoso trozo de carne roja, acompañado de antibióticos, hormonas y parásitos, que acidifican el organismo; o salir de un apuro con embutidos que producen inflamación y papas fritas que poseen acrilamidas, reconocidas por ser cancerígenas*

El tacto, en ocasiones, es el sentido con el que menos tenemos tacto. Qué tan conscientes somos al momento de tocar algo, de la textura, temperatura y sensaciones que despierta tocar diferentes materiales en sus diferentes estados, ya sea en personas, objetos, animales, vegetación o minerales. Qué tan conscientes estamos para percibir la realidad sin adjetivos calificativos, acostumbrando a utilizar descriptivos, permitiéndonos valorar por igual el frío y el calor; lo liso y lo áspero; lo reseco y lo húmedo; lo pegajoso y lo seco; lo puntiagudo y lo suave; un golpe y una caricia. Nunca permitamos que se normalice saborear con el tacto lo real que puede llegar a ser esta existencia.

Intuición, instinto, premoniciones, alta sensibilidad; sin importar como busquemos definirlo, este sentido, es el sentido de lo que normalmente no sentimos: las emociones de quienes nos rodean, la selección de las decisiones más favorables, los riesgos antes que lleguen, las personas que debemos evitar y todo aquello que al final de cuenta se puede salir del entendimiento corriente y comienza a entrar en juego el poder de aquello que no podemos ver.  Al final, somos receptores de frecuencias en sus diferentes presentaciones, en hondas de luz, sonido y sensación térmica. Cuando ya estemos dominando los sentidos previos, pueda que podamos darnos la oportunidad de explorar los mecanismos para incentivar este sexto sentido.

Calderón de la Barca decía que La Vida es Sueño, y si tenemos control de nuestros sueños, tendremos el control de esta vida ensoñadora. Así que podemos elegir entre irnos a la cama después de una buena sesión desinformativa de noticias sensacionalistas que destacan la violencia, injusticia, y demás motivos para indignarnos, asustarnos o crisparnos; algunos prefieren quedarse dormidos viendo una película de acción de hace más de 10 años; o revolcándose en los problemas que lo atañen. Otro camino es desconectarse de las pantallas mínimo una hora antes de dormir, a lo mejor leer un libro, compartir una buena charla, hacer el amor, otros trabajos manuales, entrar en oración, meditar, escuchar música tranquila que nos guste y nos haga sentir bien; cuando estemos listos para dormir, podemos visualizar todo lo que vamos a hacer al otro día de la forma y manera que nos gustaría y si lo preferimos podemos realizar ejercicios que nos ayuden a tener Sueños Lúcidos, donde somos conscientes que estamos soñando y de esta forma aprovechar la conexión entre el mundo “real” y el “onírico”.  

Nosotros escogemos: llenarnos o alimentar nuestros sentidos. Es hora de elegir.

*Recomendaciones Dra. María Lucia Martínez Lesmes Médica Cirujana, Fisiatra y Osteópata. Bogotá, Colombia.

13 junio 2023

TODOS SOMOS MÚSICOS ASÍ NO LO QUERAMOS Y TENEMOS UN COMPROMISO CON NUESTRO ARTE DE VIVIR EN ARMONÍA.

Sin importar la habilidad que tengamos para dominar un instrumento musical, todos tenemos el sentido estético de lo armónico y placentero, sin importar lo subjetivo que siempre será el gusto propio, al momento de saborear los sonidos que conforman la banda sonora de nuestra vida. Si lo comenzamos a digerir, iremos entendiendo que sin excepción todos venimos al mundo con un instrumento musical incluido y con el rol de Director de Orquesta de los sonidos a los que nos exponemos.

Así que iniciemos entendiendo el instrumento de la voz, ella le dio la bienvenida a la vida, con truenos de llanto que hicieron erizar de emoción a los allí presentes. Después entendimos que era una buena forma de hacernos entender y después de dominar un idioma, parece que ya nunca valoramos y respetamos la responsabilidad que conlleva utilizar el medio de comunicación más antiguo de la creación (“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1).  

 



Con este instrumento podemos: compartir nuestro pensamiento singular; generar expresiones espontaneas de dolor, placer, ira, desilusión, emoción, alegría, miedo, satisfacción, supervivencia e incluso de indiferencia con su ausencia; compartir nuestra voz de protesta, ante los hechos que afectan nuestra realidad en conjunto; seducir a las personas que deseamos, o ser seducidos por quien no nos conviene; generar eco, llevando nuestras ondas a lugares que no podríamos solos; modificar la forma de pensar de uno o muchos; enseñar a otros, transfiriendo nuestros aprendizajes; destruir, bajando el autoestima, humillando, criticando, difamando, insultando y hasta incluso maldiciendo y renegando; construir, valorando a otros, exaltando virtudes, proponiendo mejoras, dando prioridad a la verdad, elogiando y hasta incluso bendiciendo y agradeciendo.

Así que todos contamos con este instrumento, pero ¿qué tanto lo usamos como un músico que convierte el silencio en armónicas melodías, que vibran en resonancia con nuestra forma de percibir esta seudorealidad? ¿Qué tanto lo dominamos o es él quien lo hace con nosotros? ¿Somos conscientes de cómo comunicamos diferente dependiendo del tono, el volumen, la velocidad y la intensión

Podemos ser letrados, escasos de vocabulario, súper gomelos, ñeros, corronchos, punketos, clérigos, agnósticos, o lo que consideremos nos represente, ¡No hay excusa! Su instrumento no puede desafinar al incluir: groserías innecesarias; volúmenes altos injustificados; tonos astringentes, sobre todo si se usa en expresiones como: “Uuuuuuyyyyyyyy ¿qué dice mi peeerro?; palabras que no existen (ej.: accesar, tensionante, comparendo, entre muchas.); sarcasmos y mentiras, que tergiversan la realidad y ocultan su intensión sincera; cosas que no conocemos o que creemos conocer, ya que se presta para desinformar dentro del teléfono roto de la comunicación; expresiones de juicio, que se alejan de las valiosas expresiones descriptivas que nos acercan más a la objetividad; comentarios donde despotricamos de personas ausentes, dejando que los demás concluyan que así lo haremos con ellos cuando no estén; interrupciones, cuando consideramos que lo que tenemos por decir es más importante que lo que aún no ha terminado de contar nuestro interlocutor; expresiones no verbales de desinterés, como ver el celular o cualquier distracción innecesaria, virar a un tema que se sale del hilo de la conversación, desviar el contacto visual a un objeto u otra persona y cualquiera de las manifestaciones de desinterés en la que diariamente caemos; al final la clave está en brindar lo que queremos recibir al momento de hablar con o sin palabras.     

 

Ahora reflexionemos por nuestro impuesto rol de Directores de Orquesta; así es, somos los encargados de dirigir la sinfonía diaria de sonidos que se distribuyen por el aire y del cual sólo nos escapamos cuando encontramos esos escasos momentos de silencio. Somos conscientes de cómo nos influye la música que decidimos conforme la banda sonara de nuestra existencia. Las opciones son múltiples pero el gusto es propio, así que podemos elegir los sonidos incidentales que acompañan cada escena de nuestra obra de teatro llamada vida. Esto incluye desde disonantes trompetas orquestadas por los polutos buses que recorren las arterias de la ciudad, hasta los melódicos compases de pájaros indistintos dentro de la naturaleza.

Dentro de los sonidos incidentales que debemos armonizar, podemos encontrarnos con instrumentos de viento como los pitos, en todas sus diferentes manifestaciones; los aprendices de cantante de ópera que se camuflan en discusiones acaloradas; coros de vendedores en movimiento dentro del servicio público; las seudo - agrupaciones de Stomp, que disonantemente actúan en las construcciones de la ciudad; los gritos de batalla a destiempo de los vendedores ambulantes que saben cómo espantar un prospecto.

Por otro lado, están las noticias que consideramos nos brindan la información que necesitamos para tomar mejores decisiones. Podemos elegir estar informados con un noticiero de 3 horas al medio día, que, para completar tan ambiciosa meta de contenido diario, debe recaer en noticias trasnochadas y vivencias amarillistas que sólo drenan nuestra tranquilidad; o tener acceso en cualquier momento a una aplicación como GROUND, que permite seleccionar los temas de interés y tener acceso a todos los puntos de vista (Izquierda, Centro y Derecha); podemos ver un medio como Semana teniendo claridad de su nuevo sesgo político de ultra derecha (ratificada por sus dueños, quienes afirman querer ser la Fox News criollo) o ver un espacio de opinión como La Pulla del Espectador, sabiendo que es financiado por desinteresadas “donaciones” de Soros. Hoy en día contamos con más fuentes, una valiosa porción independientes, pero sin mucha exposición. Así que empoderémonos de nuestro derecho a informarnos bien, eligiendo conscientemente las fuentes frecuentes de información noticiosa y de opinión.

Mirando los instrumentos más pegajosos, nos vemos en la tarea de saber elegir el contenido audiovisual con el que podemos distraernos, a sabiendas que podemos elegir entre matices que van desde series y películas que nos enseñan a robar, estafar, vender productos ilícitos, traicionar o simplemente dejarnos seducir por el deseo de poder, dinero y reconocimiento; o documentales que nos muestran la verdad de los sistemas corruptos globalizados y normalizados; Podemos ver contenido que nos enseñe a matar vampiros o programas que nos enseñan a preparar nuevos platos deliciosos; o simplemente elegir entre placeres instantáneos que ofrece las mil y una caras de la pornografía o trascender al saber el valor de la transmutación de la energía sexual a través de prácticas del Tantrismo Tibetano.

Contamos con instrumentos de acompañamiento, que nos permiten exponernos a diferentes tipos de conversaciones que no podemos desligar de aquellos con quien nos rodeamos. Es así como decidimos si es valioso escuchar las quejas que nunca detonan en soluciones, de aquel vecino de la puerta del frente o quedarnos con sus consejos prácticos sustentados en experiencias que aún no hemos tenido. Podemos disfrutar los chismes de la señora que arregla nuestras uñas o permitirnos conversaciones que construyan nuestro crecimiento personal. ¿Somos conscientes del valor “nutricional” de nuestras conversaciones ya sea que las detonemos nosotros o las recibamos de otros?

La base de la música es el silencio y su ausencia. Qué tanto aprovechamos el poder del silencio para llamar la atención con más fuerza que un grito desgarrador. Qué tanto disfrutamos los silencios mentales, a sabiendas que con ellos sólo podemos escuchar a Dios. Controlamos la conversación interna de nuestra mente, ¿logramos brindarnos 15, 20 o 40 minutos diarios de silencio, dándole un descanso a la mente y transfiriéndosela al cuerpo y todos sus sistemas?

Somos conscientes de un diálogo originario que nos acompaña sin importar el lugar, donde el sonido de la naturaleza y sus expresiones, nos sintonizan con mayor nitidez con la esencia creadora donde rige la colaboración, el sentido de unidad, la paz y la armonía.

Como grandes Directores, debemos conocer todos los sonidos que tenemos a nuestra disposición, entender sus funciones y balancear su presencia, en ocasiones los instrumentos se quedan en la obra, pero cambiamos a sus intérpretes. En otras ocasiones podemos guiar armoniosamente dichos interpretes para mejorar su interacción con toda la sinfonía. Al final cada quien elige como acompañar el silencio perenne en nuestra existencia, convirtiéndole en una pieza que se disfrute y no en un motivo para dejarnos robar la armonía natural de nuestra vida.

 

El éxito radica en procurar ser la música que otros desean escuchar, sin caer en ser el ruido que otros quieren silenciar.

31 marzo 2023

METAVERSO. LA TENDENCIA MÁS VIEJA DE SIMULACIÓN.

 

metaverso más viejo de lo que pensamos
metaverso: creando nuevos mundos alternos
 

Nunca desearía robarle la calma con esto que voy a decirle. 

El metaverso no tiene nada de nuevo, más bien debemos remontarnos al momento en que el ser humano comenzó a entrar a mundos ficticios, buscando evadir una realidad que nunca ha sido prometedora para la mayoría.

 

Sin tener un horizonte cronológico ordenado, comienzo resaltando los siguientes medios primitivos de acceso al metaverso: las aventuras narradas oralmente, que después fueron acompañadas por las sombras del fuego en las cavernas platónicas; nuestra imaginación se desarrolló, traduciendo historias a través de las formas que se distinguen en las nubes; los dibujos inicialmente nos trasportaban al pasado, para después prepararnos para el futuro; hongos con psilocibina abrieron las puertas de la percepción, más allá de las interpretaciones limitantes de los sentidos; (el verbo se hizo letras) desde las tablillas sumerias, pasando por el papiro, el papel y la imprenta, hasta los medios digitales actuales; los dibujos pasaron a ser cuadros, expresiones culturales, obras de arte, hasta convertirse en un medio de lavado de activos; los relatos orales, se hicieron pegadizos con algo de rima y verso, agregando liras que encontrarían buen puerto en las canciones que nos reflejarían en cada momento a través de los géneros musicales que fuimos definiendo, hasta llegar a los compases básicos y pegajosos de los ritmos populares actuales; las imágenes cobraron movimiento dando inicio a la era audiovisual: el cine, los formatos digitales de gran calidad y sonido de gran fidelidad, pasando por el 3D y un 4D más sensorial, hasta las experiencias de Realidad Virtual (VR) de YouPorn; pasamos de jugar con las nubes a los juegos de estrategia militar, llevándonos a los juegos de mesa, evolucionando a los videojuegos, los multi-jugadores y hasta la creación de mundos propios donde depredadores sexuales hacen de la suyas; pasamos de probar sustancias alucinógenas, peyote, San Pedro, ayahuasca, a sintetizar numerosos compuestos como LCD, MDMA hasta 2C. No hay que alargar la lista para entender que el ser humano siempre ha estado en búsqueda de engañar los sentidos, para llevarnos a realidades alternas; y no es de sorprendernos, ver que en esa búsqueda siempre partimos de una inspiración natural a una degeneración terrenal.

La diferencia entre el veneno y la medicina, es el tamaño de la dosis; así que si queremos aprovechar el metaverso en cualquiera de sus expresiones, debemos enfocarnos en el propósito, éste al final nos mostrará a cada uno la cantidad que necesitamos. Pero no podemos caer en que ahora todo tiene que ser con el metaverso. Una cosa es que hagamos una audiencia legal en espacios virtuales, en un caso de violación a múltiples menores, para que las víctimas no tengan que exponerse a la presencia de su atacante o utilizar avatares para proteger la identidad de testigos; y otra cosa es que las audiencias sean a distancia y los acusados no sean capaces de activar la cámara y dar la cara a sus procesos.

Ya conocemos muchos de los medios que nos permiten acceder al metaverso, últimamente enfocados en nuevas tecnologías, que luego nos llevarán por caminos holográficos, hibernaciones simuladas y lo que nuestra imaginación permita; pero ¿de verdad sabemos para qué queremos evadirnos de nuestra realidad? cuando ésta pueda que no sea tan real como creemos y el foco estará en cómo encontramos medios para transformar esta realidad cada vez más distópica, en lo que nuestro sentido de unidad proyecte. Tal vez en el intento descubramos mejores formas de interactuar con otros; aprendiendo a perdonar con facilidad, tolerar sin esfuerzo y respetar en las diferencias, reconociendo nuestras expresiones de egoísmo más inconsciente o simplemente descubriendo, sin ningún tipo de juicio, quiénes somos en realidad (imagen que siempre se aleja de cómo nos gustaría que nos percibieran).


Para entender el significado de metaverso, comprendamos inicialmente sus bases cimentadas en universo (unus: que se refiere al uno, el sentido de unidad; y versus: el pasado de vertere, que se refiere al movimiento giratorio. Acercándonos al concepto de unidad en movimiento), con lo que nos advierten que el universo se basa en cada uno, entendido como un todo que gira, enfocándonos en el movimiento, en el cambio. Por otro lado, el prefijo meta- se refiere a "más allá"; dándonos como resultado un metaverso que busca indicarnos que podemos ir más allá de nuestra propia realidad movilizada por el cambio.

Nos fundimos entre el umbral que separa la ilusión de la realidad con la certeza de la imaginación. Permitiéndonos soñar dentro de nuestro propio sueño; dejando de percibir la diferencia entre lo real y lo virtual. Aquí entramos a identificar lo virtual como la fuerza potencial de crear lo que buscamos, sin entrar en contradicciones, ya que lo virtual lo percibe el ser, a través de los sentidos, igual que si fuera real; de ahí la responsabilidad que tenemos con los riesgos que podemos generar en los nuevos mundos que comencemos a crear. Clave que seamos conscientes de los efectos que los estímulos digitales tienen en nuestro cerebro.

El metaverso nos ha acompañado durante toda la historia de la humanidad, brindándonos matices que hacen más dulce llevar una realidad tan amarga. Pero del mismo modo que la azúcar es adictiva y nos puede generar enfermedades grabes y hasta mortales, si la consumimos en exceso; debemos ser conscientes de para qué queremos endulzar nuestra vida, cuando podemos percibirla más dulce para no sentir la necesidad de agregarle más azúcar.

Ahora vemos una sociedad que se rinde con facilidad ante las dificultades incipientes, sin notar que son ellas las que debemos experimentar para alcanzar los aprendizajes por los cuales decidimos embarcarnos en esta existencia singular.

La invitación es a hacer de nuestra existencia particular, nuestro propio metaverso. Que si queremos que nos vean con la imagen de un avatar diferente: más abierto, prudente; sociable, irreverente o colorido; pues sólo debemos serlo, porque al final la vida real dentro de este metaverso, nos permite ser quien deseamos ser. La clave está en saber que lo que delimita nuestras acciones es nuestra consciencia de unidad, donde restringimos que el individualismo que promueve el ego, sea quien escriba nuestros deseos; y por el contrario entendemos que el bien de otros es el nuestro y el nuestro es el de todos.