Cuando nos detenemos un momento a pensar en los elementos que definen a
una obra de teatro, salta a la vista su naturaleza espontanea; cuando se abre
el telón y damos a luz, todo lo que decimos y hacemos no se puede echar atrás,
acá no se repiten las escenas para mejorar nuestros diálogos; lo que se dijo,
se dijo como se dijo, al igual que lo que no se dijo o se hizo, de ahí que
vivir en plenitud y consciencia nuestra actuación es clave para dar el mejor
resultado en la narración de nuestra historia.
Cada teatro presenta varias obras y los actores interpretan diferentes
papeles con el paso del tiempo; y en el transcurrir del mismo, se tiene la
destreza de interpretar diferentes papeles en una misma temporada.
Cuando somos nuevos en las tablas, podemos contar con ayuda de personas
que nos soplan algunas líneas o nos recuerdan las siguientes posiciones.
Una de sus características más especiales, es el poder de improvisación,
aunque el libreto diga una cosa, al final nosotros tenemos la potestad de
interpretar nuestras escenas al pie de la letra o activar el factor sorpresa de
la espontaneidad, el dejar que sea el momento, la situación, las emociones
quienes marquen sus matices y nos lleven a ser realmente única cada escena.
Lo más seguro, es que para este instante usted ya ha interiorizado el
silogismo que estamos enmarcando; y podría estar confrontando que, en las obras
de teatro, aunque el espectáculo es en vivo, previo se debieron realizar
numerosos ensayos y preparaciones previas. Bueno, ya es hora de creer en las vidas
pasadas y entender que una obra final en el teatro, es sólo un ensayo más para
la próxima función. En las tablas, cuando el personaje nos posee, no existe
diferencia entre ensayo y la puesta en escena; ya que todo ensayo se realiza como si fuera el día de estreno y cada estreno es un nuevo ensayo.
Ahora que comenzamos a ver la vida como un teatro, donde se entrecruzan
diferentes obras que al parecer ya están escritas más sentimos que se van
escribiendo con cada escena que interpretamos en el tiempo.
Al nacer, nuestro papel premia el aprendizaje disfrazado de “errores”,
no sabemos comunicarnos, usar el lenguaje, nuestra expresión corporal es
limitada, más siempre encontramos al forma de hacernos entender. Los primeros
años tenemos maestros continuos que comparten sus conocimientos teatrales
marcados por sus experiencias personales y los lineamientos comunales.
Es natural replicar las actuaciones de nuestros maestros, pasando por
faces de identificación de nuestro estilo particular. Los primeros papeles son
sencillos y su alcance es limitado, más su impacto es poderoso a tal punto, que
sin darnos cuenta terminamos enseñando grandes cosas a nuestros propios
maestros.

Con el tiempo nuestras obras estarán conformadas por muchos más
personajes, pasando de familiares a compañeros de estudio, después llegarán
compañeros de trabajo y diferentes personajes que se irán sumando a la trama
que iremos desarrollando. Nuestro personaje en ocasiones será el héroe, en
otras un villano, sin darnos cuenta podremos experimentar diferentes roles, de alumnos
a maestros, de irresponsables a ordenados, mujeriegos a fervientes enamorados,
de solitarios a populares, de frustrados a ejemplares, de rencorosos a
misericordiosos, de atacados a serenos, de lo que no nos imaginábamos a lo que
siempre hemos querido ser. Se trata de una carrera alucinante, donde el cambio
es constante así no lo queramos. Lo más importante es no quedarnos en un solo
papel, no podemos estar aprendiendo de los mismos errores que cometíamos en
nuestros primeros roles durante toda nuestra trayectoria. Bueno, si podemos, y
es que acá todo se puede. Una escena a la vez es la regla.
Desenvolviéndonos en tantos roles, es clave poder contestar una poderosa
pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Acaso nos define lo que somos como padres, hijos,
jefes, empleados, seguidores o líderes? Si en realidad estos son papeles que
interpretamos, al final ¿quién es el actor? ¿Sera que nuestros papeles, sin
darnos cuenta, cimientan quienes somos? ¿Estamos eligiendo interpretar los roles
que deseamos? ¿Quién decide? O tal vez, Dios pone a nuestra disposición la
oportunidad de interpretar los papeles que se nos presentan particularmente
como un medio para identificar quien realmente somos. Pueda que al final no hay
respuesta a tan profunda pregunta y sólo debemos dejarnos llevar,
experimentando sin prejuicios, sólo siendo quien creemos que debemos ser en
cada escena, cada obra y así durante toda nuestra trayectoria en esta
existencia.

La vida es un cúmulo de improvisaciones preparadas para actuarse con
naturaleza, buscando brindar una experiencia valiosa para nuestra pequeña o
grande audiencia, al tiempo que nos ayuda a definir quiénes somos y qué carajos
queremos ser en esta temporada en el plano terrenal.