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El carro, el conductor y el camino. Decidimos para no poder decidir.

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01 mayo 2023

ATARAXIA: LA HABILIDAD MÁS PODEROSA QUE SÓLO VALIENTES PODEMOS DESARROLLAR.

 

La Ataraxia o inmutabilidad es una habilidad individual que permite permanecer en nuestro estado natural, sin perturbarnos por aquello que no podemos ni se puede cambiar. Para ejercitarla, debemos enfocarnos en estimular la indeterminación e indiferencia, entendiendo la primera como la facultad de librarse de la responsabilidad de que algo ocurra o de que alguien se comporte diferente; y la segunda, como el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado; combinados, comenzamos a ejercitar un poder que evita que nos sintamos agobiados por el entorno. 

Para alcanzar la ataraxia fortaleciendo la indeterminación e indiferencia, debemos reconocer que somos lo que percibimos y la física cuántica lo argumenta, afirmando que la realidad la determina la perspectiva del observador. Actualmente estamos expuestos a información y hechos que nos hacen creer que nuestra realidad no es la más esperanzadora.

Analistas hablan de que estamos demorados para una gran recesión económica que transforme nuestras condiciones sin discriminar. Nuestros bolsillos aprendieron el verdadero significado de la inflación, a sabiendas que la crisis inflacionaria no termina y lo más seguro es que muchos países entremos en estanflación, al sumarle el problema del estancamiento económico. Cada vez es más palpable la escasez de alimentos que se presentará en algunos países; crisis hídrica generalizada; conflictos internos e internacionales, que sólo favorecen a los distribuidores de suministros militares, logísticos y sus fuentes de financiación. Ucrania se vuelve el foco internacional afectando el suministro de gas en Europa, favoreciendo la venta de hidrocarburos por parte de Estados Unidos; salpicando hasta los oligarcas griegos, dueños de las flotas de barcos petroleros que sirvieron para que Putin pudiera saltarse las sanciones y vender su crudo. Al final todo está conectado, agreguémosle que China aprovecha el desorden y comienza a tantear la respuesta ante una recuperación de sus antiguos territorios, convirtiendo a Taiwán en el botín por disputa; a sabiendas que la isla suministra importantes porcentajes de microchips para la industria tecnológica mundial. Esta vez, para no agobiarnos no incluyamos la recuperación del centro financiero asiático de Hong Kong y la desdolarización en el comercio internacional. Para finalizar, dos cerezas para este dulce panorama: corrupción desbordada con metástasis avanzada, donde ni los sectores más éticos y de respeto se han salvado (poderes religiosos, protección social, educación, instituciones de fomento de la justicia, entre muchos). Junto a ella, pegadas de la misma rama, los mercados financieros a punto de un colapso de escala concadenada, que entre más se demore mayor su afectación. Ya con eso, ya podemos imaginarnos todo lo demás que se le puede sumar a esta reacción en cadena, entendiendo el entorno como un gran sistema interconectado por una gran diversidad de subsistemas.

 

Nos rigen las leyes que afectan nuestra sustancia primordial en el organismo, que es el agua. Éstas nos muestran que la vida la podemos percibir y por ende crear de tres formas diferentes: mediante el amor (saliéndose del arquetipo romántico que tenemos afianzado en nuestro inconsciente colectivo), odiando o siendo ignorado. Para entender esto, remontémonos al experimento del Dr. Masaru Emoto, donde podemos ver la influencia de las palabras a las que nos exponemos, recordando que ancestralmente se ha dicho que “el verbo se hizo carne”.


 

Con el odio, sabemos los resultados que hemos obtenido: dos guerras mundiales, al extremo de frenarlas con dos bombas nucleares que no tienen el poder de destrucción con el que contamos hoy en día; exterminio de culturas y poblaciones completas; éxodo sistemático en entornos donde no se respetan las diferencias; aumento innecesario de la desigualdad y la brecha entre pobres y ricos; feminismo militante y vaporoso en busca de un desquite ante una sociedad patriarcal; al final, se nos facilita encontrar excusas para dividirnos, en vez de la valentía para reconciliarnos y dejar el pasado como una experiencia para cimentar un mejor futuro. Si toda la historia registrada de la humanidad ha respondido ante su entorno con odio, debemos probar la indiferencia entendiendo que nuestra existencia la regimos por aquello que podemos influenciar, dejando a un lado todo aquello que no podemos controlar: como las decisiones que toman nuestros representantes políticos, las atrocidades que pasan a diario como un reflejo de las falencias y dolores ocultos que cargamos; sumado a todos los mecanismos de evasión de esta realidad (drogas legales e ilegales, promiscuidad y en general la fijación descontrolada de nuestros placeres, como mitigantes del dolor perenne de la realidad). Indiferencia no es evasión, se trata de ver, conocer y estar expuesto a cosas que no podemos controlar, sin perder el control de las emociones y reacciones que permitimos vivir por su exposición. 

Qué tal si además de ver el punto negro en la pared blanca, también resaltamos las otras zonas que no pierden su blancura, sin importar que estén rodeadas de muchas manchas negras. Para qué exponerse, cuando nadie nos obliga, a ver las noticias que nos drenan lentamente y nos hacen perder la sensibilidad; nadie nos obliga a continuar en el trabajo del cual renegamos a diario; siempre existirán múltiples alternativas a las situaciones indeseadas que podemos estar viviendo, de la misma manera que siempre encontraremos una excusa disfrazada de justificación razonable, para seguir donde estamos y no iniciar el cambio.

Como sociedad nos comportamos bajo las normas de los sistemas complejos, en donde encontramos la teoría de fractales que nos muestra la propiedad de la autosemejanza, donde los sistemas grandes son un reflejo de los pequeños y viceversa. Así que identifiquemos en nuestros microsistemas, en los que podemos tener injerencia, quiénes son los tiranos que quieren imponer sus deseos sin tener en cuenta el de los demás (jefes, papá, mamá, pareja, compañeros de trabajo, amigos, familiares, vecinos o extraños), quienes son aquellos que despilfarran los recursos, los que hacen sus cosas pensando en su interés personal o selectivo, dejando a un lado la conciencia de unidad. Lo más seguro es que nosotros mismos seamos quienes estamos de primeras en esta lista, pero de últimas para reconocerlo, entendiendo que es un acto de valentía darse la oportunidad de considerar ser parte del problema que tanto nos molesta, identificando nuestra propia sombra; que al final lo vemos reflejado en experiencias externas, que como espejos nos proyecta lo que realmente somos.

Después de la indiferencia podemos pensar en seguir a una siguiente etapa, donde abrazamos todo lo que nos ofrece el entorno, con amor y sin reniego. Recomiendo primero gatear antes de correr. Lo importante es saber que el resultado de esta fase, de abrazar con amor aquello que nos perturba, es permitir sin esfuerzo conservar su estado frente a estímulos externos que antes nos incomodaban. Seamos conscientes de aquellas cosas externas que nos molestan, inmutémonos ante ellas, para identificar los aspectos de nuestra vida que los reflejan, abrazándolos con amor para descubrir valiosos aprendizajes de vida.

Pasemos de decir:

AQUELLO PUEDE SER

(lo que percibimos del entorno)     

Ej.: AQUELLO PUEDE SER CORRUPTO

Y reflexionemos pensando:

YO PUEDO SER

(el resultado de la relación entre como quiero que me perciban y cómo me perciben los demás)

Ej.: YO PUEDO SER CORRUPTO

 

Cuando nos inmutamos ante lo que pasa afuera, tenemos la atención, el tiempo y la consciencia para identificar lo que realmente nos molesta de nosotros, viéndolo reflejado en los demás; y así, reconocer la vara en el ojo propio y no quedarnos patinando en el tamaño de la paja del ojo ajeno; de esta manera dejaremos de tener tantos reyes tuertos para una sociedad enceguecida.

 

31 marzo 2023

METAVERSO. LA TENDENCIA MÁS VIEJA DE SIMULACIÓN.

 

metaverso más viejo de lo que pensamos
metaverso: creando nuevos mundos alternos
 

Nunca desearía robarle la calma con esto que voy a decirle. 

El metaverso no tiene nada de nuevo, más bien debemos remontarnos al momento en que el ser humano comenzó a entrar a mundos ficticios, buscando evadir una realidad que nunca ha sido prometedora para la mayoría.

 

Sin tener un horizonte cronológico ordenado, comienzo resaltando los siguientes medios primitivos de acceso al metaverso: las aventuras narradas oralmente, que después fueron acompañadas por las sombras del fuego en las cavernas platónicas; nuestra imaginación se desarrolló, traduciendo historias a través de las formas que se distinguen en las nubes; los dibujos inicialmente nos trasportaban al pasado, para después prepararnos para el futuro; hongos con psilocibina abrieron las puertas de la percepción, más allá de las interpretaciones limitantes de los sentidos; (el verbo se hizo letras) desde las tablillas sumerias, pasando por el papiro, el papel y la imprenta, hasta los medios digitales actuales; los dibujos pasaron a ser cuadros, expresiones culturales, obras de arte, hasta convertirse en un medio de lavado de activos; los relatos orales, se hicieron pegadizos con algo de rima y verso, agregando liras que encontrarían buen puerto en las canciones que nos reflejarían en cada momento a través de los géneros musicales que fuimos definiendo, hasta llegar a los compases básicos y pegajosos de los ritmos populares actuales; las imágenes cobraron movimiento dando inicio a la era audiovisual: el cine, los formatos digitales de gran calidad y sonido de gran fidelidad, pasando por el 3D y un 4D más sensorial, hasta las experiencias de Realidad Virtual (VR) de YouPorn; pasamos de jugar con las nubes a los juegos de estrategia militar, llevándonos a los juegos de mesa, evolucionando a los videojuegos, los multi-jugadores y hasta la creación de mundos propios donde depredadores sexuales hacen de la suyas; pasamos de probar sustancias alucinógenas, peyote, San Pedro, ayahuasca, a sintetizar numerosos compuestos como LCD, MDMA hasta 2C. No hay que alargar la lista para entender que el ser humano siempre ha estado en búsqueda de engañar los sentidos, para llevarnos a realidades alternas; y no es de sorprendernos, ver que en esa búsqueda siempre partimos de una inspiración natural a una degeneración terrenal.

La diferencia entre el veneno y la medicina, es el tamaño de la dosis; así que si queremos aprovechar el metaverso en cualquiera de sus expresiones, debemos enfocarnos en el propósito, éste al final nos mostrará a cada uno la cantidad que necesitamos. Pero no podemos caer en que ahora todo tiene que ser con el metaverso. Una cosa es que hagamos una audiencia legal en espacios virtuales, en un caso de violación a múltiples menores, para que las víctimas no tengan que exponerse a la presencia de su atacante o utilizar avatares para proteger la identidad de testigos; y otra cosa es que las audiencias sean a distancia y los acusados no sean capaces de activar la cámara y dar la cara a sus procesos.

Ya conocemos muchos de los medios que nos permiten acceder al metaverso, últimamente enfocados en nuevas tecnologías, que luego nos llevarán por caminos holográficos, hibernaciones simuladas y lo que nuestra imaginación permita; pero ¿de verdad sabemos para qué queremos evadirnos de nuestra realidad? cuando ésta pueda que no sea tan real como creemos y el foco estará en cómo encontramos medios para transformar esta realidad cada vez más distópica, en lo que nuestro sentido de unidad proyecte. Tal vez en el intento descubramos mejores formas de interactuar con otros; aprendiendo a perdonar con facilidad, tolerar sin esfuerzo y respetar en las diferencias, reconociendo nuestras expresiones de egoísmo más inconsciente o simplemente descubriendo, sin ningún tipo de juicio, quiénes somos en realidad (imagen que siempre se aleja de cómo nos gustaría que nos percibieran).


Para entender el significado de metaverso, comprendamos inicialmente sus bases cimentadas en universo (unus: que se refiere al uno, el sentido de unidad; y versus: el pasado de vertere, que se refiere al movimiento giratorio. Acercándonos al concepto de unidad en movimiento), con lo que nos advierten que el universo se basa en cada uno, entendido como un todo que gira, enfocándonos en el movimiento, en el cambio. Por otro lado, el prefijo meta- se refiere a "más allá"; dándonos como resultado un metaverso que busca indicarnos que podemos ir más allá de nuestra propia realidad movilizada por el cambio.

Nos fundimos entre el umbral que separa la ilusión de la realidad con la certeza de la imaginación. Permitiéndonos soñar dentro de nuestro propio sueño; dejando de percibir la diferencia entre lo real y lo virtual. Aquí entramos a identificar lo virtual como la fuerza potencial de crear lo que buscamos, sin entrar en contradicciones, ya que lo virtual lo percibe el ser, a través de los sentidos, igual que si fuera real; de ahí la responsabilidad que tenemos con los riesgos que podemos generar en los nuevos mundos que comencemos a crear. Clave que seamos conscientes de los efectos que los estímulos digitales tienen en nuestro cerebro.

El metaverso nos ha acompañado durante toda la historia de la humanidad, brindándonos matices que hacen más dulce llevar una realidad tan amarga. Pero del mismo modo que la azúcar es adictiva y nos puede generar enfermedades grabes y hasta mortales, si la consumimos en exceso; debemos ser conscientes de para qué queremos endulzar nuestra vida, cuando podemos percibirla más dulce para no sentir la necesidad de agregarle más azúcar.

Ahora vemos una sociedad que se rinde con facilidad ante las dificultades incipientes, sin notar que son ellas las que debemos experimentar para alcanzar los aprendizajes por los cuales decidimos embarcarnos en esta existencia singular.

La invitación es a hacer de nuestra existencia particular, nuestro propio metaverso. Que si queremos que nos vean con la imagen de un avatar diferente: más abierto, prudente; sociable, irreverente o colorido; pues sólo debemos serlo, porque al final la vida real dentro de este metaverso, nos permite ser quien deseamos ser. La clave está en saber que lo que delimita nuestras acciones es nuestra consciencia de unidad, donde restringimos que el individualismo que promueve el ego, sea quien escriba nuestros deseos; y por el contrario entendemos que el bien de otros es el nuestro y el nuestro es el de todos.