F1. La persona que queremos ser definida por el Estados de Ánimo (del latín status que significa condición o situación; y anĭmus que representa el alma, espíritu o voluntad) que podemos configurar entre:
Alegría: sensación de felicidad y satisfacción
Entusiasmo: emoción energética y motivación elevada
Serenidad: calma y tranquilidad mental
Gratitud: apreciación por lo que uno tiene
Optimismo: perspectiva positiva hacia el futuro
Euforia: intensa sensación de bienestar
Tristeza: sentimiento de pérdida o decepción
Ansiedad: preocupación, inquietud o miedo
Irritabilidad: facilidad para molestarse o enfadarse
Apatía: desinterés y falta de motivación
Melancolía: tristeza persistente y reflexiva
Frustración: sensación de impedimento o bloqueo
Calma: ausencia de excitación emocional
Contemplación: estado reflexivo o pensativo
Ambivalencia: experimentar emociones contradictorias
Nostalgia: añoranza por el pasado, a menudo agridulce
Asombro: sorpresa mezclada con admiración
Anticipación: expectativa hacia eventos futuros
Satisfacción: contentamiento tras lograr algo
Empatía: conexión emocional con los sentimientos de otros
Compasión: preocupación por el sufrimiento ajeno con deseo de ayudar
Envidia: malestar por los logros o posesiones de otros
Celos: temor a perder atención o afecto hacia otra persona
Vergüenza: incomodidad o humillación por acciones propias
Culpa: remordimiento por haber hecho algo incorrecto
Determinación: firmeza en la decisión de lograr algo
Inspiración: estimulación mental para crear o actuar
Desánimo: pérdida de confianza o esperanza
Resignación: aceptación pasiva de circunstancias desfavorables
Aburrimiento: desinterés por falta de estímulos atractivos
Asombro existencial: admiración profunda ante la realidad
Perplejidad: confusión o desconcierto mental
Ensimismamiento: absorción en los propios pensamientos
Mindfulness: atención plena al momento presente
Sobrecogimiento: sensación de estar abrumado por algo grandioso
Fascinación: atracción intensa hacia algo que captura toda la atención
Maravilla: admiración ante algo extraordinario o inesperado
Desasosiego: inquietud e intranquilidad persistente
Angustia: aflicción intensa con sensación de opresión
Desesperanza: pérdida total de expectativas positivas
Agobio: sensación de estar sobrecargado emocionalmente
Vigor: estado de fuerza y energía mental o física
Letargo: estado de somnolencia o falta de energía
Excitación: estado de alta estimulación y alerta
Confianza: seguridad en otros o en uno mismo
Admiración: aprecio por cualidades excepcionales
Desconfianza: recelo o duda hacia otros
Respeto: consideración positiva
Desprecio: sentimiento de que algo es indigno de atención
Anticipación: expectativa ante algo que está por ocurrir
Incertidumbre: estado de duda o indecisión
Alivio: sensación de descanso tras la conclusión de algo negativo
Catarsis: liberación emocional tras una experiencia intensa
La combinación de estos Estados de Ánimo deseados se convertirá en la impronta de nuestro yo del futuro, descrito como el resultado de ser quien deseamos ser más adelante. Lo que nos define nunca será lo que logramos, sino el estado de ánimo en el que nos permitimos permanecer con el paso del tiempo y las experiencias que lo acompañan.
Adicionalmente, debemos contemplar nuestra relación con la generación de valor y sus implicaciones con nuestra interpretación de abundancia. Se trata de reconocer cómo lo que somos es valioso para otros y cómo esta relación estructura nuestra propia definición de abundancia, saliéndonos de los limites del tener a el espectro del agradecimiento y valoración (dar valor) de los que se tiene (sin importar la cantidad); esto último, se refiere a entender que en muchos casos tener más nunca significa que vivimos en abundancia.
Al final, entendemos que lo que somos genera un valor, éste se alcanza a través de nuestros proyectos personales por alcanzar al mediano (de cinco hasta ocho años) y largo plazo (hasta 20 años); y estos se conforman de las acciones que al corto plazo y la cotidianidad desarrollamos con gusto y a voluntad. Todos estos deben resonar con el estado de ánimo planteado al inicio.
F2. El familiar que queremos ser
Acá contemplamos el rol que buscamos llevar en nuestro núcleo social más cercano, entendiendo la familia cómo el grupo reducido de personas con el que tenemos mayor convivencia e intimidad, este tipo de lazo se basa en la confianza la sinceridad, la lealtad y la protección. No necesariamente está conformado por vínculos de sangre y cada uno tiene una estructura particular.
Todos tenemos algo de los siguientes roles o arquetipos (según la psicología Junguiana) y en el trascurso de la vida cada rol puede tomar mayor protagonismo, sin importar nuestro género.
Padre: Representa la ley, la disciplina y el orden, estableciendo límites y promoviendo responsabilidades. Es quien impulsa con afecto, dirección y protección, facilitando el crecimiento personal. Su sombra manifiesta rigidez, autoritarismo y ego, generando conflictos internos.
Actúa como maestro interno que ayuda a cumplir objetivos. Ayuda a socializar al niño enseñando reglas y mostrando el equilibrio entre normas sociales y autenticidad. Un padre equilibrado fortalece la autoconfianza, y su contrapartida genera conflictos con figuras de autoridad.
Madre: Imagen dual que abarca la nutrición y protección, enfrentado a la posesividad y destrucción. Simboliza el alimento, seguridad y fertilidad; presentando una sombra enmarcada en el control, seducción o destrucción. Al encontrar el balance entre estos extremos lleva a desarrollar autonomía emocional y relaciones más equilibradas.
Es nuestra conexión con lo femenino, actuando como puente entre lo inconsciente y lo consciente, moldeando patrones de seguridad e identidad.
Hij@/niñ@: Se caracteriza por la inocencia, curiosidad y vulnerabilidad; incluyendo la dependencia emocional o heridas no resueltas. Simboliza crecimiento y potencial, mientras su sobra puede manifestarse como victimismo o evasión de responsabilidades.
Los traumas infantiles pueden llevar al Héroe Obligado (asumiendo responsabilidades adultas prematuras, sacrificando su infancia), Niño Salvaje (quien busca atención mediante conductas disruptivas por falta de validación) y Vagabundo (al aislarse emocionalmente para evitar sufrimiento, evitando conexiones significativas).
Herman@: Es el rol que simboliza los opuestos cercanos complementarios. La capacidad de compartir en las diferencias, requiriendo la integración para alcanzar la individuación. Este rol nos puede llevar al conflicto o la cooperación; modelando patrones relacionales que nos puede llevar de la rivalidad a la lealtad.
F3. El perfil de persona que resultará en la ejecución de nuestra vocación
Este perfil de lo que deseamos ser en nuestras labores, se conforma al identificar la combinación que se ajusta a nuestra personalidad.
Ejecutores: Prácticos, decisivos y enfocados a los resultados. Prefieren actuar rápidamente y resolver problemas concretos.
Líderes: Toman la iniciativa, inspiran a otros y asumen responsabilidades. Tienen visión estratégica y capacidad para influir.
Competitivos: Motivados por el logro y la superación. Establecen metas ambiciosas y trabajan intensamente para alcanzarlas.
Pensadores: Reflexivos, lógicos y metódicos. Analizan situaciones detalladamente antes de actuar.
Planificadores: Organizados, estructurados y previsores. Crean sistemas y procesos eficientes.
Investigadores: Curiosos, profundos y orientados al conocimiento. Disfrutan explorando ideas complejas.
Comunicadores: Expresivos, accesibles y orientados a las relaciones. Facilitan el diálogo y la colaboración.
Mediadores: Empáticos, diplomáticos y conciliadores. Resuelven conflictos y promueven la armonía.
Motivadores: Entusiastas, optimistas y carismáticos. Energizan al equipo y mantienen alta la moral.
Innovadores: Originales, visionarios y poco convencionales. Generan nuevos enfoques e ideas.
Adaptables: Flexibles, versátiles y receptivos al cambio. Se ajustan rápidamente a nuevas circunstancias.
Artistas: Sensibles, expresivos y estéticos. Aportan belleza y significado a sus creaciones.
Colaboradores: Cooperativos, serviciales y orientados al equipo. Priorizan el bien común sobre el individual.
Cuidadores: Atentos, comprensivos y solidarios. Se preocupan por el bienestar de los demás.
Confiables: Leales, consistentes y responsables. Cumplen sus compromisos y generan confianza.
F4. El ciudadano con el que se encontrará nuestra comunidad en el futuro
El rol que tomaremos se construye bajo los diferentes perfiles de ciudadanos que podemos encontrar:
Ciudadanos activos: Participan regularmente en actividades cívicas, votan consistentemente, se involucran en organizaciones comunitarias, y pueden ser voluntarios o activistas.
Ciudadanos pasivos: Cumplen con obligaciones básicas (como pagar impuestos) pero no participan activamente en la vida pública más allá de lo estrictamente necesario.
Ciudadanos desconectados: Se mantienen al margen de asuntos públicos, pueden no votar, y tienen poco interés en temas políticos o sociales.
Ciudadanos comunitarios: Priorizan el bien común y los intereses colectivos, dispuestos a sacrificar beneficios personales por el bienestar general.
Ciudadanos individualistas: Enfatizan los derechos y libertades individuales, valoran la autonomía personal y pueden ser escépticos de la intervención estatal.
Ciudadanos pragmáticos: Equilibran intereses personales y públicos según el contexto, adoptan posturas flexibles basadas en situaciones específicas.
Ciudadanos institucionales: Confían en el sistema establecido, respetan la autoridad y trabajan dentro de los canales oficiales para el cambio.
Ciudadanos críticos: Cuestionan las estructuras existentes, demandan transparencia y pueden participar en movimientos de reforma.
Ciudadanos alternativos: Buscan crear sistemas paralelos o alternativos cuando perciben que las instituciones tradicionales son inadecuadas.








