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31 julio 2023

INFLACIÓN: Cuando estamos inflamados es síntoma de que algo no está bien en el sistema.

 

A todos nos pueden ver la cara. El sistema monetarista es el disfraz perfecto de una gran estafa, donde premiamos cada vez que nos alejamos de nuestro sentido de unidad.

Inocente es aquel que cree, que nunca le han mentido o que sabe toda la verdad. Así que veamos cómo la inflación ha sido un síntoma molesto de un sistema enfermo.

Y es que ya la historia nos ha mostrado los mecanismos para generar más moneda bajando su valor; es bien sabido, que el imperio romano alcanzó su declive por las medidas monetarias de sus emperadores de turno. En esa época se podía generar más monedas, bajando la pureza del material (oro o plata), para después usar otras alternativas, más desvalorizadas, como el cobre; utilizado para los intercambios comerciales de los mortales, mientras el emperador Constantino exigía el pago de impuestos exclusivamente en oro (curiosamente vemos como actualmente el cambio de poder económico nos trae a un bloque BRICS que plantea una moneda digital respaldada en oro), mientras la población corriente trabajaba igual por menos; y al parecer nadie se percató y menos cuando las variaciones no son pronunciadas en el tiempo, como cocinando sapos vivos.   

Hoy en día los líderes de los imperios y las naciones no utilizan metales que puedan malear, para eso introdujeron un concepto blindado dentro del sistema monetario que hoy conocemos como inflación: fenómeno que ocurre cuando hay un rápido aumento en la cantidad de dinero circulante, mientras la cantidad de servicios y bienes no se altera. Con esto podemos dejar de pensar que la inflación se debe al aumento de los precios, cuando estos son sólo el reflejo de esa perdida de valor del dinero al haber inyectado más en el sistema, como por ejemplo cuando se hizo para poder cubrir la urgencia sanitaria. El efecto inflacionario que hemos visto desde el 2022, en realidad es el coletazo del crecimiento de la deuda de las naciones por el factor Pandemia, del cual no se tenía previsión en ningún presupuesto nacional.

Cuando aumentamos el volumen de flujo monetario en el sistema, ayudamos a que los políticos de turno tengan como ganar la simpatía de sus mecenas y votantes, también les permite invertir en proyectos que se ajustan a los poderes que apoyaron sus campañas previas a subir al poder. Para conocer la verdad hay que seguir el dinero, y al hacerlo con la inflación, nos damos cuenta que los ganadores son los políticos y el 1%.

El dinero como lo conocemos, es en realidad un producto que sirve de intermediario para la transferencia de valor entre diferentes partes, este intermediario cobra su servicio a través de la tasa de interés del emisor (en la mayoría de las naciones modernas nos referimos a la banca central), así que nunca olvidemos que el valor nominal del dinero trae incluido el precio de él mismo.




Creemos (de creer y crear) un sistema donde el medio de intercambio de valor no sea un producto más, sino un intermediario descentralizado y sin ánimo de lucro; desligando así la subida de precios de los satisfactores, del poder adquisitivo; erradicando el concepto de inflación, que al final es el mecanismo para incentivar el gasto público sin tener que intervenir con decisiones impositivas.

Todo mortal (aquel que, si deja de trabajar, muere) que entra en el juego de los mercados monetizados, acepta la inflación como un indicador del sistema económico, que nos permite medir la subida de precios; pero, ¿qué tan cierto es esto?

La inflación es un arma silenciosa que empobrece a las naciones al punto de llevarlas a aceptar un reseteo cómo la solución, a costo de entregar la privacidad y darles el control a los estados orquestados por los hilos del dinero movidos por los centros de poder mundial.



Los políticos son los primeros en llenar sus copas en la pirámide del efecto Cantillon. Y siendo ellos los beneficiados, no tienen interés de desmontar la estafa generalizada de la banca central. Recordemos que aquellos que van en contra de este gran calamar gigante, terminan viviendo atentados como los del Presidente Jackson, que sólo lo recordamos al pagar con un billete de 20 dólares; o termina zambulléndose junto al barco que ni dios podría hacerlo hundir.

¿Será que estamos presenciando la crisis monetaria que dará paso, de una economía inflacionaria a una economía de fomento de valor, olvidándonos de la inflación como mecanismo legítimo para sonsacar el valor de nuestro trabajo?

28 junio 2023

¿LA FRUTA QUE SE VE MÁS PODRIDA POR FUERA ES MÁS DULCE POR DENTRO!

El ser humano es igual. Más, en una sociedad donde se castigan los “errores”, se evade la oportunidad de hacer la vida más dulce; dejando que el paso del tiempo esté acompañado por experiencias nuevas donde podemos tomar riesgos, explorar nuevas situaciones, cambiar de ambiente, exponernos a “golpes y magulladuras”, interactuar con diferentes clases, realizar viajes y conocer nuevas culturas, para al final afianzar nuestro propio sabor, al reconocer quiénes somos.

Antes de iniciar es clave definir a qué nos referimos con ser más dulces, entendiendo que es un proceso donde se produce azúcar, la cual se encarga de brindar energía; como todo en la vida lo importante es evitar caer en el extremo de la ausencia o el exceso.

Este artículo se estructuró bajo los argumentos que incluyó Bard, al preguntarle:  

¿por qué la fruta más podrida por fuera es más dulce por dentro?

Es importante ser conscientes de que, aunque estemos hablando de frutas, todo lo referenciamos al ser humano; incluyéndolo a usted y a las otras frutas con que se rodea e interactúa.

 

“La fruta está más madura. Cuando la fruta madura, produce más azúcar. Por eso un plátano maduro es más dulce que uno verde.”

Así que una vida más dulce depende de lo maduro que lleguemos a convertirnos y esto no sólo está regido por el paso del tiempo, sino por lo que pasa en ese tiempo. Así que preguntémonos ¿qué tanto hemos madurado para el tiempo que hemos pasado, sabemos cuáles son las experiencias que deseamos nunca se repitan, sabemos elegir nuestros compañeros de viaje, sabemos en dónde está nuestro umbral que separa la madurez con la putrefacción?

 

“Cuando la fruta se pudre, sigue produciendo azúcar, lo que puede hacerla aún más dulce.”

Y es que no necesariamente entre más experiencias vivamos más maduros somos, pueda que sintamos que la vida no es amarga mientras nos vamos pudriendo en autoengaños. Cuando empezamos a caer en extremo, donde el exceso de dulzura en la vida, nos puede llevar a un escenario efímero donde creemos que ésta consta sólo de sabores que nos agradan y nos perdemos la oportunidad de aprender a saborear lo amargo, ácido, astringente y picante que puede llegar a ser la vida.


 

“La fruta está dañada. Liberando sustancias químicas que atraen a bacterias y hongos.”

Cuando dejamos que el paso del tiempo, sólo esté acompañado de momentos dulces, es inevitable creer que estamos madurando cuando en realidad nos estamos pudriendo. Por eso es mejor confirmarlo cuando detectamos que nuestra compañía sólo trae “hongos y bacterias”, en forma de malos hábitos, influencias, entornos, decisiones, actitudes de vida y estados de humor.

 

“La fermentación es un proceso mediante el cual los microorganismos descomponen los azúcares en alcohol y otros compuestos. Esto puede ocurrir de forma natural cuando la fruta se pudre, o puede hacerse intencionadamente para elaborar bebidas alcohólicas.”

Otro nivel es dejar que la “dulzura de la vida” nos embriague. Para ese momento se hace borrosa la percepción de la realidad y podemos estar afectando a otros sin percatarnos. Preocupante es perder la certeza de saber si la decisión, de pasar de exceso de dulce a fermento, ha sido propia u orquestada por algún tercero. Nunca olvidemos que el libre albedrío no es una obligación sino una alternativa, que nos acerca más a ese estado de libertad tan esquivo.

 

 

“Es importante tener en cuenta que no toda la fruta podrida es segura para el consumo, alguna puede provocar vómitos, diarrea y otros síntomas.”

Sin darnos cuenta, endulzados y embriagados por este mismo sabor, pasamos por alto que nuestra presencia e interacción puede afectar a otros, robando su calma, tranquilidad y hasta su salud. Es por eso que en esta fase es comprensible que se presente un aislamiento, generando una distancia que busca que otros no terminen pudriéndose, convirtiéndonos en una fuente de perturbación ajena.

 

“Consuma la fruta lo antes posible tras su maduración.”

Cada uno de nosotros, somos consumidos por los demás cuando entregamos lo que realmente somos; por eso es tan importante saber administrar el tiempo, para que éste esté conformado por experiencias que nos hagan madurar sin llegar a pudrirnos o hasta ser la causa de putrefacción de otros.

Hay quienes, infundados por el miedo a podrirse, nunca se dan la oportunidad de experimentar, golpearse, crecer, soñar, sufrir, sentir, soltar, cambiar, transformar y trascender; quedando muy bonitos por fuera, mas desabridos por dentro. 

Concluyendo, podemos enfatizar en que la vida no se trata sólo de fomentar lo dulce que puede llegar a ser, también debemos aprender a valorar y saborear los otros sabores que le dan el gusto que queremos a la receta particular de nuestra existencia.

13 junio 2023

TODOS SOMOS MÚSICOS ASÍ NO LO QUERAMOS Y TENEMOS UN COMPROMISO CON NUESTRO ARTE DE VIVIR EN ARMONÍA.

Sin importar la habilidad que tengamos para dominar un instrumento musical, todos tenemos el sentido estético de lo armónico y placentero, sin importar lo subjetivo que siempre será el gusto propio, al momento de saborear los sonidos que conforman la banda sonora de nuestra vida. Si lo comenzamos a digerir, iremos entendiendo que sin excepción todos venimos al mundo con un instrumento musical incluido y con el rol de Director de Orquesta de los sonidos a los que nos exponemos.

Así que iniciemos entendiendo el instrumento de la voz, ella le dio la bienvenida a la vida, con truenos de llanto que hicieron erizar de emoción a los allí presentes. Después entendimos que era una buena forma de hacernos entender y después de dominar un idioma, parece que ya nunca valoramos y respetamos la responsabilidad que conlleva utilizar el medio de comunicación más antiguo de la creación (“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1).  

 



Con este instrumento podemos: compartir nuestro pensamiento singular; generar expresiones espontaneas de dolor, placer, ira, desilusión, emoción, alegría, miedo, satisfacción, supervivencia e incluso de indiferencia con su ausencia; compartir nuestra voz de protesta, ante los hechos que afectan nuestra realidad en conjunto; seducir a las personas que deseamos, o ser seducidos por quien no nos conviene; generar eco, llevando nuestras ondas a lugares que no podríamos solos; modificar la forma de pensar de uno o muchos; enseñar a otros, transfiriendo nuestros aprendizajes; destruir, bajando el autoestima, humillando, criticando, difamando, insultando y hasta incluso maldiciendo y renegando; construir, valorando a otros, exaltando virtudes, proponiendo mejoras, dando prioridad a la verdad, elogiando y hasta incluso bendiciendo y agradeciendo.

Así que todos contamos con este instrumento, pero ¿qué tanto lo usamos como un músico que convierte el silencio en armónicas melodías, que vibran en resonancia con nuestra forma de percibir esta seudorealidad? ¿Qué tanto lo dominamos o es él quien lo hace con nosotros? ¿Somos conscientes de cómo comunicamos diferente dependiendo del tono, el volumen, la velocidad y la intensión

Podemos ser letrados, escasos de vocabulario, súper gomelos, ñeros, corronchos, punketos, clérigos, agnósticos, o lo que consideremos nos represente, ¡No hay excusa! Su instrumento no puede desafinar al incluir: groserías innecesarias; volúmenes altos injustificados; tonos astringentes, sobre todo si se usa en expresiones como: “Uuuuuuyyyyyyyy ¿qué dice mi peeerro?; palabras que no existen (ej.: accesar, tensionante, comparendo, entre muchas.); sarcasmos y mentiras, que tergiversan la realidad y ocultan su intensión sincera; cosas que no conocemos o que creemos conocer, ya que se presta para desinformar dentro del teléfono roto de la comunicación; expresiones de juicio, que se alejan de las valiosas expresiones descriptivas que nos acercan más a la objetividad; comentarios donde despotricamos de personas ausentes, dejando que los demás concluyan que así lo haremos con ellos cuando no estén; interrupciones, cuando consideramos que lo que tenemos por decir es más importante que lo que aún no ha terminado de contar nuestro interlocutor; expresiones no verbales de desinterés, como ver el celular o cualquier distracción innecesaria, virar a un tema que se sale del hilo de la conversación, desviar el contacto visual a un objeto u otra persona y cualquiera de las manifestaciones de desinterés en la que diariamente caemos; al final la clave está en brindar lo que queremos recibir al momento de hablar con o sin palabras.     

 

Ahora reflexionemos por nuestro impuesto rol de Directores de Orquesta; así es, somos los encargados de dirigir la sinfonía diaria de sonidos que se distribuyen por el aire y del cual sólo nos escapamos cuando encontramos esos escasos momentos de silencio. Somos conscientes de cómo nos influye la música que decidimos conforme la banda sonara de nuestra existencia. Las opciones son múltiples pero el gusto es propio, así que podemos elegir los sonidos incidentales que acompañan cada escena de nuestra obra de teatro llamada vida. Esto incluye desde disonantes trompetas orquestadas por los polutos buses que recorren las arterias de la ciudad, hasta los melódicos compases de pájaros indistintos dentro de la naturaleza.

Dentro de los sonidos incidentales que debemos armonizar, podemos encontrarnos con instrumentos de viento como los pitos, en todas sus diferentes manifestaciones; los aprendices de cantante de ópera que se camuflan en discusiones acaloradas; coros de vendedores en movimiento dentro del servicio público; las seudo - agrupaciones de Stomp, que disonantemente actúan en las construcciones de la ciudad; los gritos de batalla a destiempo de los vendedores ambulantes que saben cómo espantar un prospecto.

Por otro lado, están las noticias que consideramos nos brindan la información que necesitamos para tomar mejores decisiones. Podemos elegir estar informados con un noticiero de 3 horas al medio día, que, para completar tan ambiciosa meta de contenido diario, debe recaer en noticias trasnochadas y vivencias amarillistas que sólo drenan nuestra tranquilidad; o tener acceso en cualquier momento a una aplicación como GROUND, que permite seleccionar los temas de interés y tener acceso a todos los puntos de vista (Izquierda, Centro y Derecha); podemos ver un medio como Semana teniendo claridad de su nuevo sesgo político de ultra derecha (ratificada por sus dueños, quienes afirman querer ser la Fox News criollo) o ver un espacio de opinión como La Pulla del Espectador, sabiendo que es financiado por desinteresadas “donaciones” de Soros. Hoy en día contamos con más fuentes, una valiosa porción independientes, pero sin mucha exposición. Así que empoderémonos de nuestro derecho a informarnos bien, eligiendo conscientemente las fuentes frecuentes de información noticiosa y de opinión.

Mirando los instrumentos más pegajosos, nos vemos en la tarea de saber elegir el contenido audiovisual con el que podemos distraernos, a sabiendas que podemos elegir entre matices que van desde series y películas que nos enseñan a robar, estafar, vender productos ilícitos, traicionar o simplemente dejarnos seducir por el deseo de poder, dinero y reconocimiento; o documentales que nos muestran la verdad de los sistemas corruptos globalizados y normalizados; Podemos ver contenido que nos enseñe a matar vampiros o programas que nos enseñan a preparar nuevos platos deliciosos; o simplemente elegir entre placeres instantáneos que ofrece las mil y una caras de la pornografía o trascender al saber el valor de la transmutación de la energía sexual a través de prácticas del Tantrismo Tibetano.

Contamos con instrumentos de acompañamiento, que nos permiten exponernos a diferentes tipos de conversaciones que no podemos desligar de aquellos con quien nos rodeamos. Es así como decidimos si es valioso escuchar las quejas que nunca detonan en soluciones, de aquel vecino de la puerta del frente o quedarnos con sus consejos prácticos sustentados en experiencias que aún no hemos tenido. Podemos disfrutar los chismes de la señora que arregla nuestras uñas o permitirnos conversaciones que construyan nuestro crecimiento personal. ¿Somos conscientes del valor “nutricional” de nuestras conversaciones ya sea que las detonemos nosotros o las recibamos de otros?

La base de la música es el silencio y su ausencia. Qué tanto aprovechamos el poder del silencio para llamar la atención con más fuerza que un grito desgarrador. Qué tanto disfrutamos los silencios mentales, a sabiendas que con ellos sólo podemos escuchar a Dios. Controlamos la conversación interna de nuestra mente, ¿logramos brindarnos 15, 20 o 40 minutos diarios de silencio, dándole un descanso a la mente y transfiriéndosela al cuerpo y todos sus sistemas?

Somos conscientes de un diálogo originario que nos acompaña sin importar el lugar, donde el sonido de la naturaleza y sus expresiones, nos sintonizan con mayor nitidez con la esencia creadora donde rige la colaboración, el sentido de unidad, la paz y la armonía.

Como grandes Directores, debemos conocer todos los sonidos que tenemos a nuestra disposición, entender sus funciones y balancear su presencia, en ocasiones los instrumentos se quedan en la obra, pero cambiamos a sus intérpretes. En otras ocasiones podemos guiar armoniosamente dichos interpretes para mejorar su interacción con toda la sinfonía. Al final cada quien elige como acompañar el silencio perenne en nuestra existencia, convirtiéndole en una pieza que se disfrute y no en un motivo para dejarnos robar la armonía natural de nuestra vida.

 

El éxito radica en procurar ser la música que otros desean escuchar, sin caer en ser el ruido que otros quieren silenciar.

01 mayo 2023

ATARAXIA: LA HABILIDAD MÁS PODEROSA QUE SÓLO VALIENTES PODEMOS DESARROLLAR.

 

La Ataraxia o inmutabilidad es una habilidad individual que permite permanecer en nuestro estado natural, sin perturbarnos por aquello que no podemos ni se puede cambiar. Para ejercitarla, debemos enfocarnos en estimular la indeterminación e indiferencia, entendiendo la primera como la facultad de librarse de la responsabilidad de que algo ocurra o de que alguien se comporte diferente; y la segunda, como el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado; combinados, comenzamos a ejercitar un poder que evita que nos sintamos agobiados por el entorno. 

Para alcanzar la ataraxia fortaleciendo la indeterminación e indiferencia, debemos reconocer que somos lo que percibimos y la física cuántica lo argumenta, afirmando que la realidad la determina la perspectiva del observador. Actualmente estamos expuestos a información y hechos que nos hacen creer que nuestra realidad no es la más esperanzadora.

Analistas hablan de que estamos demorados para una gran recesión económica que transforme nuestras condiciones sin discriminar. Nuestros bolsillos aprendieron el verdadero significado de la inflación, a sabiendas que la crisis inflacionaria no termina y lo más seguro es que muchos países entremos en estanflación, al sumarle el problema del estancamiento económico. Cada vez es más palpable la escasez de alimentos que se presentará en algunos países; crisis hídrica generalizada; conflictos internos e internacionales, que sólo favorecen a los distribuidores de suministros militares, logísticos y sus fuentes de financiación. Ucrania se vuelve el foco internacional afectando el suministro de gas en Europa, favoreciendo la venta de hidrocarburos por parte de Estados Unidos; salpicando hasta los oligarcas griegos, dueños de las flotas de barcos petroleros que sirvieron para que Putin pudiera saltarse las sanciones y vender su crudo. Al final todo está conectado, agreguémosle que China aprovecha el desorden y comienza a tantear la respuesta ante una recuperación de sus antiguos territorios, convirtiendo a Taiwán en el botín por disputa; a sabiendas que la isla suministra importantes porcentajes de microchips para la industria tecnológica mundial. Esta vez, para no agobiarnos no incluyamos la recuperación del centro financiero asiático de Hong Kong y la desdolarización en el comercio internacional. Para finalizar, dos cerezas para este dulce panorama: corrupción desbordada con metástasis avanzada, donde ni los sectores más éticos y de respeto se han salvado (poderes religiosos, protección social, educación, instituciones de fomento de la justicia, entre muchos). Junto a ella, pegadas de la misma rama, los mercados financieros a punto de un colapso de escala concadenada, que entre más se demore mayor su afectación. Ya con eso, ya podemos imaginarnos todo lo demás que se le puede sumar a esta reacción en cadena, entendiendo el entorno como un gran sistema interconectado por una gran diversidad de subsistemas.

 

Nos rigen las leyes que afectan nuestra sustancia primordial en el organismo, que es el agua. Éstas nos muestran que la vida la podemos percibir y por ende crear de tres formas diferentes: mediante el amor (saliéndose del arquetipo romántico que tenemos afianzado en nuestro inconsciente colectivo), odiando o siendo ignorado. Para entender esto, remontémonos al experimento del Dr. Masaru Emoto, donde podemos ver la influencia de las palabras a las que nos exponemos, recordando que ancestralmente se ha dicho que “el verbo se hizo carne”.


 

Con el odio, sabemos los resultados que hemos obtenido: dos guerras mundiales, al extremo de frenarlas con dos bombas nucleares que no tienen el poder de destrucción con el que contamos hoy en día; exterminio de culturas y poblaciones completas; éxodo sistemático en entornos donde no se respetan las diferencias; aumento innecesario de la desigualdad y la brecha entre pobres y ricos; feminismo militante y vaporoso en busca de un desquite ante una sociedad patriarcal; al final, se nos facilita encontrar excusas para dividirnos, en vez de la valentía para reconciliarnos y dejar el pasado como una experiencia para cimentar un mejor futuro. Si toda la historia registrada de la humanidad ha respondido ante su entorno con odio, debemos probar la indiferencia entendiendo que nuestra existencia la regimos por aquello que podemos influenciar, dejando a un lado todo aquello que no podemos controlar: como las decisiones que toman nuestros representantes políticos, las atrocidades que pasan a diario como un reflejo de las falencias y dolores ocultos que cargamos; sumado a todos los mecanismos de evasión de esta realidad (drogas legales e ilegales, promiscuidad y en general la fijación descontrolada de nuestros placeres, como mitigantes del dolor perenne de la realidad). Indiferencia no es evasión, se trata de ver, conocer y estar expuesto a cosas que no podemos controlar, sin perder el control de las emociones y reacciones que permitimos vivir por su exposición. 

Qué tal si además de ver el punto negro en la pared blanca, también resaltamos las otras zonas que no pierden su blancura, sin importar que estén rodeadas de muchas manchas negras. Para qué exponerse, cuando nadie nos obliga, a ver las noticias que nos drenan lentamente y nos hacen perder la sensibilidad; nadie nos obliga a continuar en el trabajo del cual renegamos a diario; siempre existirán múltiples alternativas a las situaciones indeseadas que podemos estar viviendo, de la misma manera que siempre encontraremos una excusa disfrazada de justificación razonable, para seguir donde estamos y no iniciar el cambio.

Como sociedad nos comportamos bajo las normas de los sistemas complejos, en donde encontramos la teoría de fractales que nos muestra la propiedad de la autosemejanza, donde los sistemas grandes son un reflejo de los pequeños y viceversa. Así que identifiquemos en nuestros microsistemas, en los que podemos tener injerencia, quiénes son los tiranos que quieren imponer sus deseos sin tener en cuenta el de los demás (jefes, papá, mamá, pareja, compañeros de trabajo, amigos, familiares, vecinos o extraños), quienes son aquellos que despilfarran los recursos, los que hacen sus cosas pensando en su interés personal o selectivo, dejando a un lado la conciencia de unidad. Lo más seguro es que nosotros mismos seamos quienes estamos de primeras en esta lista, pero de últimas para reconocerlo, entendiendo que es un acto de valentía darse la oportunidad de considerar ser parte del problema que tanto nos molesta, identificando nuestra propia sombra; que al final lo vemos reflejado en experiencias externas, que como espejos nos proyecta lo que realmente somos.

Después de la indiferencia podemos pensar en seguir a una siguiente etapa, donde abrazamos todo lo que nos ofrece el entorno, con amor y sin reniego. Recomiendo primero gatear antes de correr. Lo importante es saber que el resultado de esta fase, de abrazar con amor aquello que nos perturba, es permitir sin esfuerzo conservar su estado frente a estímulos externos que antes nos incomodaban. Seamos conscientes de aquellas cosas externas que nos molestan, inmutémonos ante ellas, para identificar los aspectos de nuestra vida que los reflejan, abrazándolos con amor para descubrir valiosos aprendizajes de vida.

Pasemos de decir:

AQUELLO PUEDE SER

(lo que percibimos del entorno)     

Ej.: AQUELLO PUEDE SER CORRUPTO

Y reflexionemos pensando:

YO PUEDO SER

(el resultado de la relación entre como quiero que me perciban y cómo me perciben los demás)

Ej.: YO PUEDO SER CORRUPTO

 

Cuando nos inmutamos ante lo que pasa afuera, tenemos la atención, el tiempo y la consciencia para identificar lo que realmente nos molesta de nosotros, viéndolo reflejado en los demás; y así, reconocer la vara en el ojo propio y no quedarnos patinando en el tamaño de la paja del ojo ajeno; de esta manera dejaremos de tener tantos reyes tuertos para una sociedad enceguecida.