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El carro, el conductor y el camino. Decidimos para no poder decidir.

  Vivimos tiempos extraños. Cada cierto número de años, las sociedades entran en una especie de ritual colectivo donde millones de perso...

03 octubre 2023

TODOS SOMOS ESCLAVOS Y ADMITIRLO ES LIBERADOR.

De todas las definiciones que encontré, hay una que resalta su condición a la legalidad, mostrándonos esa posibilidad de ser esclavos por decisión y no reconocer este estado por ser “legal” (entendiendo que lo que se puede no siempre es lo correcto, así que: el criterio nos guíe).

"La esclavitud es un estado de servidumbre legal de una persona a otra, en el cual la primera no tiene control sobre su propia persona, libertad o propiedad."                                                                                                                                         Frederick Douglass

No existe una única definición de esclavitud que goce de consenso universal. Sin embargo, muchas de estas definiciones comparten el elemento común de privar de la voluntad de una persona.

He aquí una definición de esclavitud que incorpora las ideas de autores como W.E.B. Du Bois, Sven Beckert y Orlando Patterson:

La esclavitud es un sistema de explotación social y económica en el que a un grupo de personas (los esclavizados) se les niegan los derechos humanos básicos (desde la voluntad a decidir qué hacer, decir y sentir con su cuerpo, tiempo y espacio) y se les obliga a trabajar en beneficio de otro grupo de personas (los esclavizadores).

 


Entendamos mejor la esclavitud, identificando lo elementos que la componen:

La persona esclavizada es tratada como propiedad y puede ser comprada, vendida e intercambiada (Estrellas del deporte y la farándula).

A la persona esclavizada se le niegan todos los derechos legales y sociales (Trabajadores permanentes por contrato de servicios ya sea a través de cooperativas).

La persona esclavizada es obligada a trabajar sin remuneración (Trabajadores comerciales que reciben remuneración por los resultados generados).

A menudo se le somete a abusos físicos y psicológicos (Soldados rasos/Reclutas/Practicantes/Nuevones/Personas de la tercera edad).

 

¿La historia sería la mismo si en la antigua (4000 a.C.) Mesopotamia y Egipto nunca hubieran practicado la esclavitud?

¿Habríamos generado la expansión geográfica, arquitectónica y en los avances de ingeniería? ¿Si no es obligado, no somos capaces de unirnos en un objetivo en común y realizarlo con magnificencia?

Los grandes pensadores griegos, normalizaban la esclavitud. ¿Eso qué dice de ellos? ¿Será que, actualmente, creemos ser la generación más inteligente de la historia y podemos estar repitiendo la misma historia de esclavitud, pero con diferentes trajes?

En la antigua Roma la esclavitud estaba aún más extendida que en Grecia o Egipto.

En América, los españoles y portugueses introdujeron la esclavitud en el siglo XVI, a partir de ahí y hasta el siglo XIX, millones de africanos fueron transportados a América para trabajar como esclavos en plantaciones.

La esclavitud fue abolida en muchos países en el siglo XIX. Estados Unidos abolió la esclavitud en 1865, Gran Bretaña abolió la esclavitud en sus colonias en 1833 y Mauritania la alcanzó hasta 1981.

El informe de 2021, de Walk Free Foundation, estimó que había 40,3 millones de personas viviendo en esclavitud en 2016.

El trabajo forzoso es más frecuente en Asia y África.

No hay mejor esclavo que aquel que se siente libre.

¿Será que somos adictos a la esclavitud? El primer paso es reconocer la negación. Pero mejor reflexionemos a través de algunos cuestionamientos que nos permitan identificar que tan enganchados estamos y que tan a gusto nos hacemos sentir frente al nivel de esclavitud que manifestamos en nuestra vida.

    ¿Tengo que trabajar muchas horas por poco dinero?

¿Se me niegan derechos humanos básicos, como el derecho a la libertad de movimiento o el derecho a la educación?

    ¿Sufro abusos físicos o psicológicos?

    ¿Tengo que vivir con miedo de mi empleador o de otra persona?

    ¿Tengo que renunciar a mi identidad o a mi cultura?

    ¿Soy incapaz de salir de mi situación por mis propios medios?

Por último,

¿queremos o somos esclavos de nuestros deseos, esos que justifican amordazar nuestra voluntad por la ambición y provecho de otros?

 

"La esclavitud es un pecado contra Dios y la humanidad".

Harriet Beecher Stowe

 

05 septiembre 2023

EL COLOMBIANO MEDIO: SE LLENA, PERO NO SE ALIMENTA.

 

Nota del autor: Se hablará en primera persona del plural, porque tratamos temas que vemos en los demás pero que en últimas también nos incluyen.

 

Como seres humanos que somos, subsistimos a través de los estímulos que logramos percibir mediante nuestros sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto, intuición, representaciones oníricas, entre otros.), a través de ellos buscamos alimentarnos constantemente para garantizar los insumos necesarios para una vida grata, frente a nuestros parámetros personales. Al parecer, la gran mayoría estamos llenándonos con lo que tenemos a disposición, sin tan sólo preguntarnos si está valioso exponer nuestros sentidos a lo que los exponemos día tras día.

 

Con la vista, aprendemos a través de imágenes en movimiento, que nos muestra que nada es perpetuo: “el cambio” define la realidad. Irónicamente nos encontramos con que todos quieren ver los mismos lugares, paisajes, personas, películas, series, noticias y rutinas; y sin cuestionarnos, dejamos que nuestras neuronas espejo actúen y sigamos el rebaño creyendo que somos autoinmunes a las mentiras de esta “realidad”. Por respeto al creador, cuestionémonos el “¿qué sacamos con ver lo que vemos y rodearnos de los espacios y las personas con las que delimitamos la rutina de la vida?”; para qué queremos ver a esa persona que siempre tienen una buena mala cara, por qué tenemos que subirnos a la misma marea de tráfico para realizar los desplazamientos diarios, para qué tenemos que ver noticias e información que sólo busca que entremos en discusiones bizantinas y conflictos innecesarios que sólo buscan que vivamos resonando en odio, reniego, resentimiento, amargura y apatía. Haz de lo que miras, un banquete nutritivo digno de tus deseos presentes y futuros.

El oído nos permite saborear las ondas que fluyen en nuestro entorno; ¡tan selecto! Al no permitir que todos los sonidos puedan ser percibidos en todas partes; así podemos elegir lo que escuchamos y cada vez contamos con mayor control para sintonizarnos a los sonidos que realmente disfrutamos. Nunca olvidemos que un alimento saludable para nuestros oídos es, también, escuchar verdades incómodas, de esas que al principio como que arden y preferimos acompañarlas con nuestra indiferencia; pero si nos damos la oportunidad de saborear esos sonidos que por fuera parecen amargos, al final simplemente tomarán el sabor con que nosotros deseemos etiquetarlos.

Si sentimos que algo huele mal, es porque muy cerca tenemos algo por limpiar. Y este sentido se termina juntando con la intuición, permitiéndonos olfatear negocios, personas que no conocemos, lugares y destinos; y al igual que al oler un plato podemos saber si éste sabe bien, nosotros podemos evitar tener que probar malas experiencias sin necesidad de vivirlas. Siguiendo los principios herméticos (como es adentro es afuera y viceversa), podemos oler un mal negocio, relación sentimental, plan, viaje o experiencia; si solamente estamos atentos a los pequeños detalles, a los indicios sutiles y a las apariencias maquilladas de autenticidad; llegando a afinar uno de los sentidos que menos apreciamos, hasta que lo perdemos. Pueda que al final seamos conscientes de que el olfato ve lo que la vista no huele.

El buen gusto lo afinamos entre más cosas nuevas probamos, ¿será que debemos probarlo todo para tener buen gusto o ese buen gusto radica en identificar aquello que sabemos qué es de nuestro gusto? Porque no podemos estar probando todo, lo más seguro es que algo nos indigeste, nos intoxique, nos enferme o nos llegue a matar. No necesitamos mucho tiempo para degustar los diferentes tipos de ingredientes y productos que podemos comer, entendiendo que, en su mayoría, la mayoría consumimos productos que no son buenos (¿malos = “Ricos”?) para el organismo. Que placer es poder disfrutar de: la azúcar refinada sin importar que sea el alimento del cáncer; el pan caliente, que no alimenta, pero sí acidifica el cuerpo; la carne de cerdo, incluyendo su efecto proinflamatorio; una gaseosa fría que sólo es buena para gastar agua en exceso en su elaboración; un café, té o chocolate caliente para iniciar el día, sin importar que tenga mucha cafeína para un hábito tan constante; un vaso de leche de vaca que, al igual que sus derivados, aumenta la producción de moco en el cuerpo; un jugoso trozo de carne roja, acompañado de antibióticos, hormonas y parásitos, que acidifican el organismo; o salir de un apuro con embutidos que producen inflamación y papas fritas que poseen acrilamidas, reconocidas por ser cancerígenas*

El tacto, en ocasiones, es el sentido con el que menos tenemos tacto. Qué tan conscientes somos al momento de tocar algo, de la textura, temperatura y sensaciones que despierta tocar diferentes materiales en sus diferentes estados, ya sea en personas, objetos, animales, vegetación o minerales. Qué tan conscientes estamos para percibir la realidad sin adjetivos calificativos, acostumbrando a utilizar descriptivos, permitiéndonos valorar por igual el frío y el calor; lo liso y lo áspero; lo reseco y lo húmedo; lo pegajoso y lo seco; lo puntiagudo y lo suave; un golpe y una caricia. Nunca permitamos que se normalice saborear con el tacto lo real que puede llegar a ser esta existencia.

Intuición, instinto, premoniciones, alta sensibilidad; sin importar como busquemos definirlo, este sentido, es el sentido de lo que normalmente no sentimos: las emociones de quienes nos rodean, la selección de las decisiones más favorables, los riesgos antes que lleguen, las personas que debemos evitar y todo aquello que al final de cuenta se puede salir del entendimiento corriente y comienza a entrar en juego el poder de aquello que no podemos ver.  Al final, somos receptores de frecuencias en sus diferentes presentaciones, en hondas de luz, sonido y sensación térmica. Cuando ya estemos dominando los sentidos previos, pueda que podamos darnos la oportunidad de explorar los mecanismos para incentivar este sexto sentido.

Calderón de la Barca decía que La Vida es Sueño, y si tenemos control de nuestros sueños, tendremos el control de esta vida ensoñadora. Así que podemos elegir entre irnos a la cama después de una buena sesión desinformativa de noticias sensacionalistas que destacan la violencia, injusticia, y demás motivos para indignarnos, asustarnos o crisparnos; algunos prefieren quedarse dormidos viendo una película de acción de hace más de 10 años; o revolcándose en los problemas que lo atañen. Otro camino es desconectarse de las pantallas mínimo una hora antes de dormir, a lo mejor leer un libro, compartir una buena charla, hacer el amor, otros trabajos manuales, entrar en oración, meditar, escuchar música tranquila que nos guste y nos haga sentir bien; cuando estemos listos para dormir, podemos visualizar todo lo que vamos a hacer al otro día de la forma y manera que nos gustaría y si lo preferimos podemos realizar ejercicios que nos ayuden a tener Sueños Lúcidos, donde somos conscientes que estamos soñando y de esta forma aprovechar la conexión entre el mundo “real” y el “onírico”.  

Nosotros escogemos: llenarnos o alimentar nuestros sentidos. Es hora de elegir.

*Recomendaciones Dra. María Lucia Martínez Lesmes Médica Cirujana, Fisiatra y Osteópata. Bogotá, Colombia.

31 julio 2023

INFLACIÓN: Cuando estamos inflamados es síntoma de que algo no está bien en el sistema.

 

A todos nos pueden ver la cara. El sistema monetarista es el disfraz perfecto de una gran estafa, donde premiamos cada vez que nos alejamos de nuestro sentido de unidad.

Inocente es aquel que cree, que nunca le han mentido o que sabe toda la verdad. Así que veamos cómo la inflación ha sido un síntoma molesto de un sistema enfermo.

Y es que ya la historia nos ha mostrado los mecanismos para generar más moneda bajando su valor; es bien sabido, que el imperio romano alcanzó su declive por las medidas monetarias de sus emperadores de turno. En esa época se podía generar más monedas, bajando la pureza del material (oro o plata), para después usar otras alternativas, más desvalorizadas, como el cobre; utilizado para los intercambios comerciales de los mortales, mientras el emperador Constantino exigía el pago de impuestos exclusivamente en oro (curiosamente vemos como actualmente el cambio de poder económico nos trae a un bloque BRICS que plantea una moneda digital respaldada en oro), mientras la población corriente trabajaba igual por menos; y al parecer nadie se percató y menos cuando las variaciones no son pronunciadas en el tiempo, como cocinando sapos vivos.   

Hoy en día los líderes de los imperios y las naciones no utilizan metales que puedan malear, para eso introdujeron un concepto blindado dentro del sistema monetario que hoy conocemos como inflación: fenómeno que ocurre cuando hay un rápido aumento en la cantidad de dinero circulante, mientras la cantidad de servicios y bienes no se altera. Con esto podemos dejar de pensar que la inflación se debe al aumento de los precios, cuando estos son sólo el reflejo de esa perdida de valor del dinero al haber inyectado más en el sistema, como por ejemplo cuando se hizo para poder cubrir la urgencia sanitaria. El efecto inflacionario que hemos visto desde el 2022, en realidad es el coletazo del crecimiento de la deuda de las naciones por el factor Pandemia, del cual no se tenía previsión en ningún presupuesto nacional.

Cuando aumentamos el volumen de flujo monetario en el sistema, ayudamos a que los políticos de turno tengan como ganar la simpatía de sus mecenas y votantes, también les permite invertir en proyectos que se ajustan a los poderes que apoyaron sus campañas previas a subir al poder. Para conocer la verdad hay que seguir el dinero, y al hacerlo con la inflación, nos damos cuenta que los ganadores son los políticos y el 1%.

El dinero como lo conocemos, es en realidad un producto que sirve de intermediario para la transferencia de valor entre diferentes partes, este intermediario cobra su servicio a través de la tasa de interés del emisor (en la mayoría de las naciones modernas nos referimos a la banca central), así que nunca olvidemos que el valor nominal del dinero trae incluido el precio de él mismo.




Creemos (de creer y crear) un sistema donde el medio de intercambio de valor no sea un producto más, sino un intermediario descentralizado y sin ánimo de lucro; desligando así la subida de precios de los satisfactores, del poder adquisitivo; erradicando el concepto de inflación, que al final es el mecanismo para incentivar el gasto público sin tener que intervenir con decisiones impositivas.

Todo mortal (aquel que, si deja de trabajar, muere) que entra en el juego de los mercados monetizados, acepta la inflación como un indicador del sistema económico, que nos permite medir la subida de precios; pero, ¿qué tan cierto es esto?

La inflación es un arma silenciosa que empobrece a las naciones al punto de llevarlas a aceptar un reseteo cómo la solución, a costo de entregar la privacidad y darles el control a los estados orquestados por los hilos del dinero movidos por los centros de poder mundial.



Los políticos son los primeros en llenar sus copas en la pirámide del efecto Cantillon. Y siendo ellos los beneficiados, no tienen interés de desmontar la estafa generalizada de la banca central. Recordemos que aquellos que van en contra de este gran calamar gigante, terminan viviendo atentados como los del Presidente Jackson, que sólo lo recordamos al pagar con un billete de 20 dólares; o termina zambulléndose junto al barco que ni dios podría hacerlo hundir.

¿Será que estamos presenciando la crisis monetaria que dará paso, de una economía inflacionaria a una economía de fomento de valor, olvidándonos de la inflación como mecanismo legítimo para sonsacar el valor de nuestro trabajo?

28 junio 2023

¿LA FRUTA QUE SE VE MÁS PODRIDA POR FUERA ES MÁS DULCE POR DENTRO!

El ser humano es igual. Más, en una sociedad donde se castigan los “errores”, se evade la oportunidad de hacer la vida más dulce; dejando que el paso del tiempo esté acompañado por experiencias nuevas donde podemos tomar riesgos, explorar nuevas situaciones, cambiar de ambiente, exponernos a “golpes y magulladuras”, interactuar con diferentes clases, realizar viajes y conocer nuevas culturas, para al final afianzar nuestro propio sabor, al reconocer quiénes somos.

Antes de iniciar es clave definir a qué nos referimos con ser más dulces, entendiendo que es un proceso donde se produce azúcar, la cual se encarga de brindar energía; como todo en la vida lo importante es evitar caer en el extremo de la ausencia o el exceso.

Este artículo se estructuró bajo los argumentos que incluyó Bard, al preguntarle:  

¿por qué la fruta más podrida por fuera es más dulce por dentro?

Es importante ser conscientes de que, aunque estemos hablando de frutas, todo lo referenciamos al ser humano; incluyéndolo a usted y a las otras frutas con que se rodea e interactúa.

 

“La fruta está más madura. Cuando la fruta madura, produce más azúcar. Por eso un plátano maduro es más dulce que uno verde.”

Así que una vida más dulce depende de lo maduro que lleguemos a convertirnos y esto no sólo está regido por el paso del tiempo, sino por lo que pasa en ese tiempo. Así que preguntémonos ¿qué tanto hemos madurado para el tiempo que hemos pasado, sabemos cuáles son las experiencias que deseamos nunca se repitan, sabemos elegir nuestros compañeros de viaje, sabemos en dónde está nuestro umbral que separa la madurez con la putrefacción?

 

“Cuando la fruta se pudre, sigue produciendo azúcar, lo que puede hacerla aún más dulce.”

Y es que no necesariamente entre más experiencias vivamos más maduros somos, pueda que sintamos que la vida no es amarga mientras nos vamos pudriendo en autoengaños. Cuando empezamos a caer en extremo, donde el exceso de dulzura en la vida, nos puede llevar a un escenario efímero donde creemos que ésta consta sólo de sabores que nos agradan y nos perdemos la oportunidad de aprender a saborear lo amargo, ácido, astringente y picante que puede llegar a ser la vida.


 

“La fruta está dañada. Liberando sustancias químicas que atraen a bacterias y hongos.”

Cuando dejamos que el paso del tiempo, sólo esté acompañado de momentos dulces, es inevitable creer que estamos madurando cuando en realidad nos estamos pudriendo. Por eso es mejor confirmarlo cuando detectamos que nuestra compañía sólo trae “hongos y bacterias”, en forma de malos hábitos, influencias, entornos, decisiones, actitudes de vida y estados de humor.

 

“La fermentación es un proceso mediante el cual los microorganismos descomponen los azúcares en alcohol y otros compuestos. Esto puede ocurrir de forma natural cuando la fruta se pudre, o puede hacerse intencionadamente para elaborar bebidas alcohólicas.”

Otro nivel es dejar que la “dulzura de la vida” nos embriague. Para ese momento se hace borrosa la percepción de la realidad y podemos estar afectando a otros sin percatarnos. Preocupante es perder la certeza de saber si la decisión, de pasar de exceso de dulce a fermento, ha sido propia u orquestada por algún tercero. Nunca olvidemos que el libre albedrío no es una obligación sino una alternativa, que nos acerca más a ese estado de libertad tan esquivo.

 

 

“Es importante tener en cuenta que no toda la fruta podrida es segura para el consumo, alguna puede provocar vómitos, diarrea y otros síntomas.”

Sin darnos cuenta, endulzados y embriagados por este mismo sabor, pasamos por alto que nuestra presencia e interacción puede afectar a otros, robando su calma, tranquilidad y hasta su salud. Es por eso que en esta fase es comprensible que se presente un aislamiento, generando una distancia que busca que otros no terminen pudriéndose, convirtiéndonos en una fuente de perturbación ajena.

 

“Consuma la fruta lo antes posible tras su maduración.”

Cada uno de nosotros, somos consumidos por los demás cuando entregamos lo que realmente somos; por eso es tan importante saber administrar el tiempo, para que éste esté conformado por experiencias que nos hagan madurar sin llegar a pudrirnos o hasta ser la causa de putrefacción de otros.

Hay quienes, infundados por el miedo a podrirse, nunca se dan la oportunidad de experimentar, golpearse, crecer, soñar, sufrir, sentir, soltar, cambiar, transformar y trascender; quedando muy bonitos por fuera, mas desabridos por dentro. 

Concluyendo, podemos enfatizar en que la vida no se trata sólo de fomentar lo dulce que puede llegar a ser, también debemos aprender a valorar y saborear los otros sabores que le dan el gusto que queremos a la receta particular de nuestra existencia.

13 junio 2023

TODOS SOMOS MÚSICOS ASÍ NO LO QUERAMOS Y TENEMOS UN COMPROMISO CON NUESTRO ARTE DE VIVIR EN ARMONÍA.

Sin importar la habilidad que tengamos para dominar un instrumento musical, todos tenemos el sentido estético de lo armónico y placentero, sin importar lo subjetivo que siempre será el gusto propio, al momento de saborear los sonidos que conforman la banda sonora de nuestra vida. Si lo comenzamos a digerir, iremos entendiendo que sin excepción todos venimos al mundo con un instrumento musical incluido y con el rol de Director de Orquesta de los sonidos a los que nos exponemos.

Así que iniciemos entendiendo el instrumento de la voz, ella le dio la bienvenida a la vida, con truenos de llanto que hicieron erizar de emoción a los allí presentes. Después entendimos que era una buena forma de hacernos entender y después de dominar un idioma, parece que ya nunca valoramos y respetamos la responsabilidad que conlleva utilizar el medio de comunicación más antiguo de la creación (“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1).  

 



Con este instrumento podemos: compartir nuestro pensamiento singular; generar expresiones espontaneas de dolor, placer, ira, desilusión, emoción, alegría, miedo, satisfacción, supervivencia e incluso de indiferencia con su ausencia; compartir nuestra voz de protesta, ante los hechos que afectan nuestra realidad en conjunto; seducir a las personas que deseamos, o ser seducidos por quien no nos conviene; generar eco, llevando nuestras ondas a lugares que no podríamos solos; modificar la forma de pensar de uno o muchos; enseñar a otros, transfiriendo nuestros aprendizajes; destruir, bajando el autoestima, humillando, criticando, difamando, insultando y hasta incluso maldiciendo y renegando; construir, valorando a otros, exaltando virtudes, proponiendo mejoras, dando prioridad a la verdad, elogiando y hasta incluso bendiciendo y agradeciendo.

Así que todos contamos con este instrumento, pero ¿qué tanto lo usamos como un músico que convierte el silencio en armónicas melodías, que vibran en resonancia con nuestra forma de percibir esta seudorealidad? ¿Qué tanto lo dominamos o es él quien lo hace con nosotros? ¿Somos conscientes de cómo comunicamos diferente dependiendo del tono, el volumen, la velocidad y la intensión

Podemos ser letrados, escasos de vocabulario, súper gomelos, ñeros, corronchos, punketos, clérigos, agnósticos, o lo que consideremos nos represente, ¡No hay excusa! Su instrumento no puede desafinar al incluir: groserías innecesarias; volúmenes altos injustificados; tonos astringentes, sobre todo si se usa en expresiones como: “Uuuuuuyyyyyyyy ¿qué dice mi peeerro?; palabras que no existen (ej.: accesar, tensionante, comparendo, entre muchas.); sarcasmos y mentiras, que tergiversan la realidad y ocultan su intensión sincera; cosas que no conocemos o que creemos conocer, ya que se presta para desinformar dentro del teléfono roto de la comunicación; expresiones de juicio, que se alejan de las valiosas expresiones descriptivas que nos acercan más a la objetividad; comentarios donde despotricamos de personas ausentes, dejando que los demás concluyan que así lo haremos con ellos cuando no estén; interrupciones, cuando consideramos que lo que tenemos por decir es más importante que lo que aún no ha terminado de contar nuestro interlocutor; expresiones no verbales de desinterés, como ver el celular o cualquier distracción innecesaria, virar a un tema que se sale del hilo de la conversación, desviar el contacto visual a un objeto u otra persona y cualquiera de las manifestaciones de desinterés en la que diariamente caemos; al final la clave está en brindar lo que queremos recibir al momento de hablar con o sin palabras.     

 

Ahora reflexionemos por nuestro impuesto rol de Directores de Orquesta; así es, somos los encargados de dirigir la sinfonía diaria de sonidos que se distribuyen por el aire y del cual sólo nos escapamos cuando encontramos esos escasos momentos de silencio. Somos conscientes de cómo nos influye la música que decidimos conforme la banda sonara de nuestra existencia. Las opciones son múltiples pero el gusto es propio, así que podemos elegir los sonidos incidentales que acompañan cada escena de nuestra obra de teatro llamada vida. Esto incluye desde disonantes trompetas orquestadas por los polutos buses que recorren las arterias de la ciudad, hasta los melódicos compases de pájaros indistintos dentro de la naturaleza.

Dentro de los sonidos incidentales que debemos armonizar, podemos encontrarnos con instrumentos de viento como los pitos, en todas sus diferentes manifestaciones; los aprendices de cantante de ópera que se camuflan en discusiones acaloradas; coros de vendedores en movimiento dentro del servicio público; las seudo - agrupaciones de Stomp, que disonantemente actúan en las construcciones de la ciudad; los gritos de batalla a destiempo de los vendedores ambulantes que saben cómo espantar un prospecto.

Por otro lado, están las noticias que consideramos nos brindan la información que necesitamos para tomar mejores decisiones. Podemos elegir estar informados con un noticiero de 3 horas al medio día, que, para completar tan ambiciosa meta de contenido diario, debe recaer en noticias trasnochadas y vivencias amarillistas que sólo drenan nuestra tranquilidad; o tener acceso en cualquier momento a una aplicación como GROUND, que permite seleccionar los temas de interés y tener acceso a todos los puntos de vista (Izquierda, Centro y Derecha); podemos ver un medio como Semana teniendo claridad de su nuevo sesgo político de ultra derecha (ratificada por sus dueños, quienes afirman querer ser la Fox News criollo) o ver un espacio de opinión como La Pulla del Espectador, sabiendo que es financiado por desinteresadas “donaciones” de Soros. Hoy en día contamos con más fuentes, una valiosa porción independientes, pero sin mucha exposición. Así que empoderémonos de nuestro derecho a informarnos bien, eligiendo conscientemente las fuentes frecuentes de información noticiosa y de opinión.

Mirando los instrumentos más pegajosos, nos vemos en la tarea de saber elegir el contenido audiovisual con el que podemos distraernos, a sabiendas que podemos elegir entre matices que van desde series y películas que nos enseñan a robar, estafar, vender productos ilícitos, traicionar o simplemente dejarnos seducir por el deseo de poder, dinero y reconocimiento; o documentales que nos muestran la verdad de los sistemas corruptos globalizados y normalizados; Podemos ver contenido que nos enseñe a matar vampiros o programas que nos enseñan a preparar nuevos platos deliciosos; o simplemente elegir entre placeres instantáneos que ofrece las mil y una caras de la pornografía o trascender al saber el valor de la transmutación de la energía sexual a través de prácticas del Tantrismo Tibetano.

Contamos con instrumentos de acompañamiento, que nos permiten exponernos a diferentes tipos de conversaciones que no podemos desligar de aquellos con quien nos rodeamos. Es así como decidimos si es valioso escuchar las quejas que nunca detonan en soluciones, de aquel vecino de la puerta del frente o quedarnos con sus consejos prácticos sustentados en experiencias que aún no hemos tenido. Podemos disfrutar los chismes de la señora que arregla nuestras uñas o permitirnos conversaciones que construyan nuestro crecimiento personal. ¿Somos conscientes del valor “nutricional” de nuestras conversaciones ya sea que las detonemos nosotros o las recibamos de otros?

La base de la música es el silencio y su ausencia. Qué tanto aprovechamos el poder del silencio para llamar la atención con más fuerza que un grito desgarrador. Qué tanto disfrutamos los silencios mentales, a sabiendas que con ellos sólo podemos escuchar a Dios. Controlamos la conversación interna de nuestra mente, ¿logramos brindarnos 15, 20 o 40 minutos diarios de silencio, dándole un descanso a la mente y transfiriéndosela al cuerpo y todos sus sistemas?

Somos conscientes de un diálogo originario que nos acompaña sin importar el lugar, donde el sonido de la naturaleza y sus expresiones, nos sintonizan con mayor nitidez con la esencia creadora donde rige la colaboración, el sentido de unidad, la paz y la armonía.

Como grandes Directores, debemos conocer todos los sonidos que tenemos a nuestra disposición, entender sus funciones y balancear su presencia, en ocasiones los instrumentos se quedan en la obra, pero cambiamos a sus intérpretes. En otras ocasiones podemos guiar armoniosamente dichos interpretes para mejorar su interacción con toda la sinfonía. Al final cada quien elige como acompañar el silencio perenne en nuestra existencia, convirtiéndole en una pieza que se disfrute y no en un motivo para dejarnos robar la armonía natural de nuestra vida.

 

El éxito radica en procurar ser la música que otros desean escuchar, sin caer en ser el ruido que otros quieren silenciar.